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sábado, 4 de diciembre de 2010

Comentario sobre una ¿amenaza?






Confieso que me había olvidado completamente de Marco Albornoz. No es alguien a quien considere valga la pena pensar en él. Pero ayer, por la noche, fui agredido por un grupo de chavos supuestamente “bebidos”, cerca ya de llegar a mi domicilio. Eran un grupo de seis y, al parecer, habían salido de un billar que está en la calle por la que siempre paso para llegar a casa (y con cuyos parroquianos nunca había tenido conflicto alguno antes). Iba yo transitando, completamente abstraído en mis pensamientos, cuando al pasar junto a mí comenzaron a gritarme insultos, sin que mediara motivo.

Había otras personas en la calle, incluido un tipo de gorra, barba y lentes, que me llamó la atención pues parecía observar cómo reaccionaría yo. Fue una cuestión de segundos para que pasara por mi mente el siguiente encabezado en la nota roja: “Hombre muerto en riña callejera. Se hace de palabras y entre seis lo matan. Uno lo acuchilla por la espalda”.Y también pensé: provocación, Vicente Capello, Cisen, anonimos,"Laura H S"...

Porque de entre todas las personas que estaban en esa calle yo fui, quién sabe por qué, el único al que agredieron. Al igual que, quién sabe por qué, hay quienes obsesivamente monitorean lo que sobre mí aparece, dándole un sentido a su vida al estar pendientes de lo que hago.

Aparenté entonces seguir mi camino, mientras el grupo de cobardes tomaba rumbo a unas paradas de transporte público que hay cerca, pero pasados unos minutos fui tras ellos. Desafortunadamente ya les había perdido la pista. Incluso terminé pasando junto a un par de policías que estaban platicando, muy quitados de la pena. Bien sabía yo que podía darse un asesinato a unos metros de ellos y no se darían cuenta. O no querrían darse cuenta. Volví a tomar entonces mi camino.

Me recordó algo parecido que sucedió ya hace tiempo,que denuncié en el noticiario radiofónico Monitor, que entonces existía. Resulta que se hace referencia a este hecho en el último anonimo que se me envió, como anunciándome lo que iba a pasar ahora.

Quiere decir que esta gente revisa incluso hasta lo que haya aparecido acerca de mí, antes de que yo comenzara a publicar mis textos. Tanta infraestructura confirma que no se trata de un particular, sino del Cisen y similares. No deja de ser halagador, la verdad. Pero por eso, de momento no me interesa ingresar a Facebook. ¿Para qué facilitarles el trabajo a gentuza como ésta? Por lo menos que desquiten el sueldo.

Como se sabe, en los últimos tiempos en México se ha incrementado enormemente la acción de la delincuencia. Esto permite que los gobiernos federal, estatales y del Distrito Federal responsabilicen completamente de la violencia a los delincuentes. Como algo ajeno, algo que están combatiendo eficazmente y por tanto no tienen verdadera responsabilidad cuando un delito se comete, pues es imposible eliminar al 100% todos ellos. Si por pura casualidad el delito alcanza a quien ha denunciado públicamente lo que yo he denunciado, resultaría ser eso sólo una lamentable coincidencia.

Entonces como ya “no hay” censura gubernamental, los que silencian a los periodistas y, en general, a quienes denuncian cualquier irregularidad e ilícitos, son exclusivamente los delincuentes. O ni siquiera eso. Un lamentable asalto, un accidente, un rayo que cae precisamente sobre alguien, fenomenos de la naturaleza.

Aquí se hubiera tratado de un simple problema entre particulares que, como habría sido lo más probable si yo hubiera caído en la provocación que cuento, lamentablemente daba como resultado una situación fuera de control: un grupo de chavitos irresponsables pero no malintencionados ni previamente aleccionados, algo bebidos la noche de un viernes, se les ocurre la “puntada” de insultar “nomás porque sí” a alguien cualquiera que pasa junto a ellos. El agredido les responde; ellos, encolerizados, “irreflexivos como son todos los jóvenes” y sin medir consecuencias ni parecerles cobarde pelear seis contra uno lo atacan entre todos. Uno de ellos saca un cuchillo o le da por la espalda, cuando el hombre está descuidado mirando a los otros cinco, un golpe fuertísimo. Los chavos corren y no se atrapa a ninguno de ellos. Todos los testigos coinciden. El hombre se lo buscó: lo inteligente habría sido no hacer caso. El hombre hubiera sido yo. Colorín colorado, una de tantas historias de la delincuencia o de jovenes impulsivos en la Ciudad de México que termina mal.




Hace poco Julián Andrade Jardí, columnista del periódico La Razón, a quien conozco pero hace mucho tiempo no tengo contacto con él, escribió alabando al actual procurador del Distrito Federal (el mismo cuya dependencia entregó niños relacionados con averiguaciones previas a Casitas del Sur y dejó salir del país al futbolista Salvador Cabañas sin que hubiera declarado ante el Ministerio Público pero sí ante la televisión) por atreverse a cerrar el caso de Digna Ochoa. Después de 9 años de su muerte ya podía cerrarse el caso: la mujer se suicidó, no fue asesinada.




Yo quisiera decirle públicamente a Julián, con todo respeto, que en el periódico Milenio Diario, en el que él colaboró un tiempo, José Luis Martínez S., como pude verse en este mismo blog, censuró mi denuncia contra Rosa Beltrán por haber esta señora inventado una crónica que el periódico publicó como real y cierta -algo que, por ejemplo, en Estados Unidos, en donde Beltrán estudió su doctorado, habría implicado un escándalo del tamaño del de Jayson Blair-. El señor Martínez es el mismo señor que se pretende seguidor de la "vieja guardia" del periodismo nacional. Pues debería tomar ejemplo de lo bueno y no de lo malo de aquéllos.





Bueno, pues en Milenio se publicó hace unos años, en primera plana, precisamente que Digna Ochoa se había suicidado y tenía problemas psicológicos.




¿En qué se basaba esta afirmación presentada como información "dura"? Pues en “análisis” realizados por la comunidad de “inteligencia”, lo que gente anónima afirmaba haber “analizado” post mortem de la personalidad de ella. Esta “opinión experta” encontraba, entre otros problemas psicológicos de la fallecida, tendencias lesbianas. ¿Los elementos para probar estas tendencias lesbianas? Que Digna Ochoa no utilizaba vestidos con escote y en cambio usaba unos zapatos grandes y toscos. Esto fue publicado como información seria por Milenio Diario, bajo la firma de Lemic Madrid. Curiosamente en línea no se puede encontrar esto que fue publicado entonces y en cambio ahora lo que hay es una nota reciente, bastante respetuosa, implícitamente contradiciendo lo publicado hace años.

Como ya he mostrado con Elena Garro, es muy fácil, en la prensa mexicana que tenemos, el desacreditar post mortem a alguien. El paso del tiempo, las mentiras a modo y la desinformación generalmente desgastan, borran, cualquier cuestionamiento o duda.

Por eso, Julián, es tan poco creíble una versión como la otra.

Pero volvamos con Marco Albornoz. Los insultos y acusaciones que lanzó en mi contra se le revirtieron, exhibiéndose él solo como mentiroso, hipócrita y con un racismo latente. Y resulta que él mismo dejó bien claro que no merecía que yo les diera respuesta, pues terminó borrando lo que él mismo publicó en la dirección http://losperrosprimero.com.ar/perfiles/fasci-nacion/

Como en el caso del "ciudadano chileno" José (a) "Jota" Linderos, guardé lo publicado en mi contra y que el propio Marco Albornoz terminó borrando. Es el cache de la página original.

Aunque afirmó que "he leído perfiles tuyos de gente muy allegada a vos, muy próxima, mails y declaraciones que hacen de vos todo un personaje" no se animó a publicar esas mentiras, a pesar de que expresamente se lo autoricé.

No habría nada más que agregar si no fuera porque él lanzó una afirmación que, a la vista de lo recién sucedido, pudiera leerse de manera mucho más grave y seria y que no puedo ignorar. Albornoz escribió acerca de que yo, Tomoo Terada, “acabara solo” como el “actor de Kung Fu”.




El “actor de Kung Fu”, David Carradine (quien por cierto nada tenía de asiático y era hijo de John Carradine, un conocido actor de Hollywood) no "acabó solo", pues en el momento de su muerte estaba casado. Lo que sucedió con él es que que "murió solo". Y es entonces que lo publicado y después borrado por Marco Albornoz adquiere una connotación siniestra.

Si Marco Albornoz se prestó a que a través de su interpósita persona se me enviara veladamente una amenaza de muerte, entonces sí tengo que dirigirme pública y directamente a él y decirle que se puede ir mucho a chingar a la puta que lo parió, esto, junto con quienes lo manipularon desde México.

Y si no es así, si no ha descendido a ese nivel de bajeza despreciable, entonces lo invito a hacer lo siguiente si no quiere creerme que hay algo turbio con “Laura H S”. Que le pida a su nueva “amiga” que le proporcione su domicilio en México para que él pueda enviarle una carta por correo certificado. Y además que “ella” le cuente de algún logro profesional públicamente reconocido y comprobable.




Le aseguro que se va a encontrar con una desagradable sorpresa (si no se la ha encontrado ya) a pesar de la gran “simpatía mutua” que se ha desarrollado entre “ella” y él. Ni en México ni en la Argentina el dedicarse al envío de anonimos y otras labores sucias es una labor socialmente reconocida. Y nadie lo puede considerar como un logro.

Si vuelvo a ser provocado, en donde sea, ya veré lo que hago, en ese mismo momento. Pero antes tenía que hacer públicos estos hechos.

Por cierto, por pura casualidad hace poco había solicitado una cita con la actual directora del Archivo General de la Nación, para hablar sobre los ya famosos archivos. Preferí entonces no perder esa cita por ensarzarme en un pleito callejero "espontáneo" con seis jovenes "atolondrados".

También me enteré de que Vicente Capello murió el año pasado, de un infarto.


Postdata:

Se confirma todo lo anterior. Recibí un nuevo anonimo, pero esta vez incluso resultó divertido. Porque ahora hubo ya hasta "cambio de sexo" del "remitente". Esta gente, sin querer, a veces es graciosa.


Postdata 1:

Un anonimo más, pero en este se muestran bastante molestos. Dí en el clavo, les toqué en donde les duele. Ah, la envidia y la frustración de no tener logros propios. Pobre diablo de Marco Albornoz, acordó desaparecer su sitio "comprometido" con la defensa animal antes que dejar huella de la intervención de "Laura H S", villana salida de "Terminator 2" (adopta multiples formas). De todos modos allá en la Argentina los otros activistas animalistas fueron testigos y lo estarán cuestionando.

De todos modos la huella de "Laura" aparece aquí, en esta página de Facebook, de la que ya he guardado copia, por si "casualmente" luego desaparece.

Como a los lectores sin duda les empezará a resultar aburrido que haga referencia a estos anónimos que gente pagada envía, a partir de ahora me limitaré a irlos comentando en esta entrada. Las frustraciones y envidias que expresan dejan claro que, finalmente, son expresión no sólo de las "ordenes de arriba", sino de la obsesión que algunas personas tienen conmigo, entre ellas Rosa Beltrán, según confesión propia del "remitente".


Postdata2:
Recibí un anónimo del cual no tengo duda alguna de que es enviado por quienes alguna vez se hicieron llamar "Laura H S". Monitorear todos los diarios, a principios de año, para localizar una noticia que creen equivocadamente que será insultante para mí, confirma lo que ya he señalado antes: demasiada infraestructura para tratarse de un simple individuo molesto conmigo. Y en realidad, el que esta clase de gente esté tan molesta conmigo me confirma que estoy en el camino correcto.

Esta vez decido publicarlo porque permite hacer algunos comentarios pertinentes, a pesar de la evidente falta de inteligencia de quienes lo remiten, que por esta ocasión no se disfrazaron de mujer, algo sobre lo que comentaré a continuación.

Escribe Javier García Galiano en su columna de "El universal": "Mi tio, el poeta Enrique de Rivas me cuenta que la tumba de Maria Zambrano solía ser visitada por gatos innumerables. La desaparición de esos gatos coincidió con la proliferación de restaurantes chinos en esa ciudad"..¡Pero qué racismo! ¿En donde leído eso antes? ¿porque acusar a chinos y otros orientales de semejante vileza? jaja
Hace tiempo fueron exhibidas algunas muy buenas fotografias de chinos y coreanos cocinando manjares con carne de perro y gato..la anatomia del cadaver no dejaba lugar a dudas... Esta web(pincheschinos.blogspot.com) dejó de ser actualizada ¡lástima! algunas cosas mostradas ahi no tenian desperdicio. Más aún, el poseedor de ese blog confesó en alguna ocasión su cruzada para boicotear en Monterrey los restaurantes y comercios de Chinos, sugiriendo a los posibles clientes que no consumieran ni compraran nada en esos negocios con el argumento de los "exóticos" gustos de los orientales. ¡Qué pena no tener la referencia exacta del post donde se encontraban dichas fotos! ¡Eran tan nítidas! ja ja.


El texto del escritor Javier García Galiano se llama María y los gatos, y es un emocionado recuerdo de la filosofa española María Zambrano. Es extraño y una lástima que, a diferencia de otras columnas suyas, en este caso no se hayan abierto los comentarios. Le habría reenviado a Javier este anónimo preguntándole su posición al respecto. ¿O será acaso que medios como El Universal ya están sobre aviso, después de la polémica sobre Primero el Mundial, de que gente como este remitente utilizan los espacios de comentarios para dar rienda suelta a su racismo, y simplemente quieren evitar eso?

Conocí a Javier García Galiano hace tiempo, y aunque sólo lo he visto una vez, puedo contar que conmigo fue alguien muy agradable y amistoso. Me consta entonces que no tiene sentimientos racistas hacia los asiáticos o cualquier otro grupo. Pienso que lo suyo se trató de una ironía fallida o de mal gusto, pero algo muy diferente a la mentira deliberada de Rosa Beltrán. En cuanto sea posible lo buscaré y conversaré al respecto con él. Por cierto, irónicamente hay que agradecer a este remitente, pues me ha hecho darme cuenta de que muchas personas, como es el caso de Javier García Galiano, no estarán enteradas de lo hecho por la sí racista Beltrán

Mi experiencia es que, en parte por el mismo silencio que los asiáticos se han impuesto para no quejarse del racismo de que son objeto, el resultado es que lo que sería considerado claramente insultante en el caso de judíos, negros, indígenas y otros grupos, en el caso de los asiáticos se da por normal.

En cuanto al sitio que menciona el remitente ya lo conocía. Sus creadores, que aparentemente dejaron abandonado el sitio, varias veces aseveran ahí que lo suyo no es racismo. Esto parecería ser cierto pues incluso mencionan la piratería china de productos japoneses. Pero lo que jamás queda claro es: ¿por qué es mala la piratería china y no la realizada por mexicanos? ¿Debería existir un sitio llamado pinchesmexicanos.blogspot.com denunciando la venta de películas y discos piratas, conocida por todos y realizada en forma pública y masiva?

Que criminales los hay de cualquier raza, sexo, clase social, orientación sexual, etcétera, debería de ser evidente. El problema es cuando se generaliza la conducta de uno o varios miembros de un grupo cualquiera para generalizar sobre ese grupo y condenar a todos sus miembros de antemano. Así como existe el sitio mencionado existe, por ejemplo, judiosenmexico.blogspot.com. Sus autores también son anónimos y sus señalamientos se parecen a los del primer sitio mencionado, pero cambiando de grupo a estigmatizar.

En cuanto al consumo de carne de perro y de gato por asiáticos habrá que ilustrar al remitente. En algunos países asiáticos se consume la carne de esos animales, muy lindos pero los cuales intrínsecamente no son diferentes de vacas, borregos, terneras, cerdos y otros animales también muy lindos y que hasta pueden tenerse como mascotas. Pero en la hipocresía de Occidente se procura omitir recordar que el origen de los deliciosos bifes, arracheras, manitas de puerco y otras delicias que se consuman masivamente tiene su origen en el sufrimiento animal. Por eso los únicos animalistas consecuentes son aquellos que practican el vegetarianismo.

jueves, 1 de octubre de 2009

Conflicto de interés – Fernando Iwasaki – La muerte de Lucy

Conflicto de interés

Después de mucho, muchísimo tiempo, prácticamente lo que va del presente año, finalmente se publicó en la revista Metapolítica, en su actual número correspondiente a septiembre-octubre, mi ensayo “El conflicto de interés o el surrealismo sin poesía de la vida pública mexicana”, un tema que me parece fundamental para la verdadera democratización de México.

Escribirlo me ocupó muchos meses de investigación el año pasado pues, como lo planteo en el propio texto, el tema está prácticamente inexplorado por la comunidad académica mexicana, mayoritariamente ocupada en preguntarse una y otra vez por qué no se puede construir ciudadanía en este país y por qué los mexicanos no pueden ser como los suizos (esa es la impresión que me causan los repetitivos lamentos por televisión, semana a semana, de los integrantes de Primer Plano).

Había intentado anteriormente abordar, como un género más, la “escritura académica”, igual que si abordara un poema o un relato corto, pero es sólo hasta ahora que considero haber logrado algo que me enorgullezca. Lamentablemente en el proceso de edición alguien agregó una errata acerca del apellido de Francesco Carnelutti, el cual aparece dos veces como Carnuletti.

Aparte del orgullo que me provoca este trabajo pionero, quería comentar del mismo en el blog, a fin de dejar bien claras las cosas a todos aquellos quienes pudieran tener (o quieran difundirla deliberadamente) la equivocada impresión de que mi denuncia en contra de Rosa Beltrán es sólo producto de una obsesión mía. Esta mentira implicaría el que lo que llena y daría sentido a mi vida es el impugnar a esta señora. Si puede haber quien crea (o quiera creer) eso, entonces no puede estar más equivocado (a).

Próximamente publicaré una entrada en la que responderé a varias dudas y confusiones, las cuales he encontrado que hay respecto al “caso Beltrán” y a mí, producto de la ignorancia y el prejuicio. Y, por supuesto, para desmentir a quienes interesadamente promuevan de mí la imagen negativa de un difamador obsesionado con una “gran” (ja) escritora, a fin de justificar la censura y el ninguneo en contra mía por atreverme a enfrentar públicamente a una poderosa burócrata universitaria, cobarde y mentirosa.

Adelanto pues, por si a estas alturas no ha quedado claro, que la razón principal por la que impugno a Rosa Beltrán es porque la gente racista y deshonesta, como descubrí que es ella, me provoca desprecio y asco.

Porque no necesito conocerla (jamás he tenido contacto alguno con ella, directo u indirecto, pues tan sólo la conozco en fotografía) para burlarme de la fingida dignidad de gentuza hipócrita y simuladora con todo y un doctorado que no me impresiona, por ser una farsante quien proclama su gran amor y preocupación por los más altos valores de la cultura al tiempo que promueve el odio racial, de manera solapada y cobarde.



Fernando Iwasaki

Pasando a otro tema relacionado: comentando acerca del fin de ciclo de Fernando Iwasaki en Laberinto, lo que puedo decir públicamente es que él ya tenía sus razones propias y previas para salir del suplemento. Pero que sin duda aceleró este proceso el ir tomando conciencia del tipo de gentuza que tenía como colega columnista en la página contigua.

Fernando fue muy diplomático y rebajó sus méritos propios al tiempo que destacaba el respeto que en todo momento tuvo para los lectores del suplemento, con quienes desea volver a estar en sintonía en el futuro, para satisfacer mejor sus necesidades como lectores. Pero el problema no eran los lectores sino que estaba en otra parte.

Y es que no dejó de llamarme la atención que no expresara agradecimiento alguno, como se acostumbra en estas circunstancias, al editor del suplemento: el lacayo de Rosa Beltrán llamado José Luis Martínez.



La muerte de Lucy



Esta noticia, de la que me enteré por casualidad, y que sin duda está circulando rápidamente, es triste, pero al mismo tiempo inspiradora. Demuestra que cuando el verdadero arte, no las “altas infidelidades” de una farsante, toca la vida de alguien, esto puede llegar a darle, aún sin buscarla, esa especie de inmortalidad que es el recuerdo de quienes ni siquiera la conocieron.

Murió Lucy, la chica que, aún antes de conocerla físicamente, siempre recordaremos por sus ojos caleidoscópicos.



Resultó que John Lennon no había mentido. Que sí fue cierto que alguna vez su hijo Julian llegó a casa con el dibujo que había hecho de una compañera de la escuela llamada Lucy, en medio de un cielo con diamantes. Y ese dibujo inspiró a Lennon a escribir una canción que llegaría ser vetada por la BBC por supuestamente ser una apología de la droga de moda entonces, el LSD, como los siempre perspicaces censuradores de entonces y ahora se dieron cuenta al observar las siglas que sugería el título de la canción.

Lucy se llamaba Lucy Vodden y ahora, ya adulta, acaba de morir de lupus.

Alguna vez todos la acompañaremos a ella en el cielo con diamantes.

miércoles, 19 de agosto de 2009

El denunciante como maledicente, según Fernando Iwasaki

Por lo visto mis acusaciones contra Rosa Beltrán han calado muy hondo, a pesar de la cínicamente mentirosa “Aclaración” de ella, la censura impuesta por José Luis Martínez y el que, por lo visto, la mayoría de los lectores no haya entendido la parte racista del asunto.

De otra forma no se explica que otro colaborador del suplemento Laberinto, el escritor peruano Fernando Iwasaki, parezca referirse a mí sin nombrarme, en la colaboración de su columna del sábado 15 de agosto, titulada “Maledicentes”.

Difícil no darse por aludido si of all places Iwasaki publica su texto en Laberinto (colabora también en el diario español ABC y en otras partes), el mismo suplemento en el que, hace no tanto, se publicó mi carta sobre el racismo entre “los cultos”, específicamente Rosa Beltrán. La misma que, al no tener la opción de poder ningunearme (las acusaciones eran tan graves que su silencio sólo podría interpretarse como aceptación) escribió una mentirosa “aclaración” que no aclaraba nada. Mismo suplemento en el que su editor, José Luis Martínez, le dio la razón a ella y la última palabra al tiempo que impedía cualquier posibilidad de que yo pudiera responder a sus mentiras, exhibiéndola aún más. El mismo Martínez, quien terminó asumiendo por correo ante mí la censura descarada de una carta abierta en la que yo protestaba por su parcialidad como editor.

Si todo lo anterior es reducido a mera “maledicencia”, entonces Rosa Beltrán no es una racista mentirosa y José Luis Martínez no es un censurador, editor confeso de refritos y lacayo de Beltrán. E Iwasaki no tiene por qué sentir la mínima pena de elogiar a Beltrán o publicar con Martínez.

Tan difícil como el que yo no me dé por aludido es igualmente difícil para Rosa Beltrán el que ella no se dé por aludida. Porque lo que Iwasaki inicia como un aparente repaso por la historia de la maledicencia en el ámbito literario deriva en una curiosa arenga a practicar “la costumbre de elogiar”. Enlista a un grupo de escritores españoles a los que considera elogiables y, a continuación, “como la lista latinoamericana sería larguísima” se limita a México (quién sabe por qué este país y no Argentina o su natal Perú) y enlista a los escritores mexicanos elogiables, entre los que cuenta a…Rosa Beltrán.

A mí me parece, por parte de Iwasaki, una forma muchísimo más hábil y sutil de poder darle también un espaldarazo a Rosa Beltrán, sin caer en la torpeza de José Luis Martínez de evidenciar censura y hasta expresar afirmaciones involuntariamente denigrantes para sí mismo (“soy un editor que, a sabiendas, publica refritos”).

Iwasaki tiene la costumbre de elogiar. Hace poco, en el mismo suplemento Laberinto, lo que inició como una columna para poner en duda el valor de ser “escritor joven”, de considerar la juventud y precocidad de los escritores como un valor en sí mismo, acabó concluyendo en un elogio (merecido) al escritor argentino Andrés Neuman.

Pero en realidad Iwasaki se equivoca. No se trata de que “contra la maledicencia, el elogio”. Porque la crítica y la denuncia pueden acabar siendo consideradas como “maledicencia” por quien no entiende la diferencia entre elogiar y adular. O la diferencia entre las relaciones públicas y la crítica literaria positiva o negativa hacia la obra de quienes, como humanos, lo mismo pueden escribir maravillas, que obras buenas, malas o mediocres. Aquel que siempre invariablemente elogia terminará viendo siempre cómo sus elogios son cada vez menos apreciados por sus elogiados, que apreciarán su amistad pero no necesariamente su gusto.

Ya que Iwasaki implica que soy un “maledicente” tengo que informarle que, por ejemplo, elogié en la revista mexicana Replicante la obra de uno de los escritores españoles, Isaac Rosa, al que él considera elogiable; en específico su novela El vano ayer (2004). Antes de mí, que yo sepa, en México sólo se habían publicado acerca de esta novela de Rosa las críticas “maledicientes” de Christopher Domínguez y José Manuel Prieto, los cuales se ocuparon, más que los aspectos literarios de la novela, de especular acerca de la relación que guardaba Rosa con los regimenes cubano y venezolano, de quienes, según se podía desprender de lo que escribían aquellos, Isaac Rosa habría sido escritor favorito y consentido, a grado tal como para que, no importando que fuera en forma turbia, le regalaran el premio Rómulo Gallegos de 2005, en perjuicio de otros concursantes.

Más bien Iwasaki tendría que ser más cuidadoso en sus elogios, pues, por ejemplo, elogiar a Rosa Beltrán no es lo mismo que elogiar a Isaac Rosa. Este último no tiene en España, hasta donde estoy enterado, un cargo en la burocracia cultural que le permita difundir a otros escritores, a diferencia de Beltrán. Entre Rosa y Rosa Iwasaki puede terminar espinado de la lengua por soltar elogios a diestra y siniestra. Elogiar la obra de una funcionaria encargada de difundir la obra de otros escritores, con la capacidad de promover a unos y vetar a otros, como sin duda será su caso y el mío, respectivamente, siempre despertará la suspicacia.

Pero lo más importante es, creo, el hecho de que sea precisamente él, el colaborador de Laberinto que tiene un apellido “oriental”, quien le dé un nuevo espaldarazo a Rosa Beltrán. Eso “probaría” que José Luis Martínez tiene razón y que en el texto de Rosa Beltrán sobre los coreanos no hay “ningún atisbo de racismo”.

Quiero pensar que Fernando Iwasaki, al igual que muchos lectores, no entendió la parte racista de este asunto. Pensar de otra forma implicaría el tener una concepción muy negativa acerca de él, como alguien a quien, para establecer o mantener una amistad o relación conveniente que le sirva para seguir promocionando su obra en México (editor José Luis Martínez y funcionaria Rosa Beltrán), no le importa escupir contra sí mismo, contra la parte de sus genes que es “oriental”.

Iwasaki, quien es nieto de japonés (Wikipedia) y se declara en entrevista “medio japonés” no tiene, ciertamente, mucho aspecto “oriental”; y como lo da a entender en algún cuento suyo como “La sombra del guerrero” la herencia cultural japonesa en realidad le es ajena. Para él lo “oriental” es algo tan exótico como para la mayoría de occidentales, quienes no cuentan entre sus antepasados a un abuelo japonés.

Y como Iwasaki ha comido (creo que se trata de una exageración literaria, pero quién sabe) hamburguesas de gato (Por qué escribo relatos o para cuándo novela) seguramente no alcanza a percibir qué puede tener de racista el que Rosa Beltrán invente que los coreanos se roban gatos para comérselos y además invente a un amigo anónimo al que pueda atribuir tal declaración.

¿Para hacer esas hamburguesas Iwasaki se robó los gatos de los vecinos, se quejaron de él y terminó apareciendo en un periódico como el medio japonés robacomegatos? ¿O todo lo anterior sólo puede ser señalado, incluso inventado, cuando se trata de coreanos?

Por eso, en el próximo mensaje les explicaré y mostraré, a él y a todos quienes no hayan entendido la acusación de racismo contra Rosa Beltrán, que la misma tiene su base en la forma tan rara en que Beltrán escribe y “versiona” sus supuestas crónicas.

viernes, 7 de agosto de 2009

Carta censurada en Laberinto

Nuevamente, después de mucho tiempo, he vuelto a ser "honrado" con la censura. Sin duda es desagradable el ser censurado, pero tiene un aspecto positivo en el que no suelen pensar los que censuran: ser censurado es muy bueno para el ego de quien lo sufre. Parece masoquista, lo sé, pero no puede dejar de pensarse: "si me censuran he de ser considerado realmente provocador, crítico, peligroso..."

Como ya se sabe, se publicó el sábado 1 de agosto de 2009, en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario una carta mía denunciando la deshonestidad y racismo de la actual directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y columnista de Laberinto, Rosa Beltrán, quien, además, es considerada por sus panegiristas una de las mejores escritoras mexicanas. Opinión que no comparto ( ¿o será que ahora yo soy el prejuciado y estoy realmente convencido de que tendría que ser una escritora realmente extraordinaria, con valores literarios tan grandes como para que su racismo y demás defectos que la adornan pueda olvidarse, en lugar de que fuera la pasable y correcta redactora que, a lo mucho, en realidad es?).

Y como todo mundo pudo darse cuenta, de forma totalmente inusitada el director del suplemento, José Luis Martínez S., intervino para darle un espaldarazo público a Beltrán, minimizar mis argumentos y anunciarme públicamente que el espacio de Laberinto quedaba cerrado para mí, de ahora en adelante, con el obvio propósito de impedir cualquier posibilidad mía de responder en el espacio de Laberinto a las cínicas mentiras de Beltrán contenidas en su pretendida "Aclaración".

Es seguro que Martínez recibió fuertes presiones para actuar como lo hizo. Porque... ¿qué editor con un mínimo de dignidad y respeto propio puede reconocer públicamente que su suplemento recibe y publica refritos así sea de Nexos, reconociéndose como una simple sucursal de esa revista, de la que recibe agradecida los huesos ya roídos que se sirvan arrojarle?

Por eso ingresé este 3 de agosto una carta dirigida a José Luis Martínez protestando por su parcialidad y señalándole que estaba arriesgando su prestigio personal, el de sus demás colaboradores y todo el suplemento, sólo para apoyar a Beltrán. Durante buena parte de ese lunes 3 de agosto tuve un tenso intercambio de correos con Martínez, quien primeramente pretextó una supuesta falta de espacio para no publicar la carta.

Finalmente terminó reconociendo que se trataba de una censura descarada. Claro, si mis señalamientos contra Beltrán eran mentiras, exageraciones o simple difamación, ¿para que censurar la posibilidad de que yo la volviera a exhibir, ahora mostrando que ella fingía una falsa dignidad para no responder, por ejemplo, acerca del por qué se había inventado unas declaraciones falsas de un amigo también inventado, a fin de utilizarlas en contra de la comunidad coreana?

Pero en otra entrada abundaré más acerca de los aspectos racistas de este asunto. He comprobado que muchos no han terminado de entender qué tiene de racista lo que escribió Rosa Beltrán. Eso no es extraño en un país en el que a un delincuente se le puede nombrar en los medios como El Chino, omitiendo su nombre y recalcando su origen asiático, pero en el que llamar El Judío a otro criminal sería motivo de un verdadero escándalo.

También habrá que referirse al mito de que un posgrado (en la UNAM o Harvard, el ITAM, la Universidad de Florencia o la de Colima, etcétera) vacuna en contra del prejuicio y la deshonestidad. Lo menciono porque algunos parecen creer que una académica del posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras, doctorada en Literatura Comparada en la Universidad de California, no puede actuar como una sinvergüenza, aunque esto sea comprobable.

Lamento mucho el triste papel que terminó jugando José Luis Martínez en todo esto, pero él aceptó interpretar el papel de lacayo de Rosa Beltrán.






A 1 de agosto de 2009


José Luis Martínez S
Director de Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario.


Sr. José Luis Martínez S.:

Agradezco la publicación el día de hoy de mi carta acerca del bochornoso asunto de Rosa Beltrán, pero lamento que al mismo tiempo me anuncie el cierre de Laberinto hacia en contra de mi persona, a fin de impedirme responder a las nuevas mentiras de Beltrán contenidas en la pseudoaclaración que se publica de ella.

También lamento que abandone usted la imparcialidad que un editor debe mantener cuando se cuestiona a uno de sus colaboradores. Incluso intenta, sin mucha convicción ni fortuna, una débil defensa de lo indefendible, arriesgando su reputación personal y el prestigio del resto de sus colaboradores y, en general, del suplemento que dirige, a fin de darle un espaldarazo a la funcionaria Beltrán.

Aprendí que en Laberinto son bienvenidos los refritos (¿o sólo se lo permite a Rosa Beltrán?); que usted no considera racista el acusar falsamente de robar gatos para comérselos a una comunidad minoritaria, residente en México; que, a diferencia de Carlos Marín, el cual considera (Manual de periodismo, 2005) que “el cronista toma la realidad como punto de referencia para interpretar los fenómenos sociales”, para Beltrán y usted un cronista es alguien con licencia para presentar declaraciones y lecturas imaginarias como reales, haciéndolas aparecer entrecomilladas.

Y que Carlos Monsiváis, Juan Villoro (quien sé que es gran amigo de Beltrán, pero también hombre honesto, en lo que me consta hasta ahora), al igual que otros cronistas, deben dejar de ser perezosos y ponerse a escribir nuevas “versiones” de sus crónicas.

Finalmente le ofrezco una disculpa, creí que había sido engañado con un refrito, pero ahora veo que los únicos engañados han sido y serán los lectores.

A fin de dejar públicamente establecida mi posición respecto a la actitud que usted adopta, le solicito la publicación de la presente en el suplemento que dirige.

Atentamente.
(firma)
Tomoo Terada

(sello de recibido)