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viernes, 15 de octubre de 2010

La defensa animal como pretexto de la cruzada racista en el cono sur





Retomo el asunto de la cruzada racista que se dio en Chile alrededor de la presunta agresión del restaurantero chino Fabio Hua Fang al perro "Clinton" -siendo que el pobre animal ahora está olvidado por los tantos "defensores" que le salieron mientras el objetivo fuera la campaña de odio contra el "chino".




Y ahora, una vez que, venturosamente, los 33 mineros del yacimiento de San José fueron rescatados.



Como también venturosamente, hasta donde se puede saber en línea, Hua Fang no terminó linchado como los racistas pretendían.

Ya que el cobarde y deshonesto ciudadano chileno José alias "Jota" Linderos se dio cuenta de que su ataque en mi contra resultó contraproducente desapareció entonces el enlace original del mismo y ahora ahí se solicita el darse de alta por ser "zona privada" (http://elsoldeiquique.cl/index.php?option=com_user&view=login&return=aHR0cDovL2Vsc29sZGVpcXVpcXVlLmNsLz9vcHRpb249Y29tX2NvbnRlbnQmdmlldz1hcnRpY2xlJmlkPTIzNiZjYXRpZD01NyZJdGVtaWQ9MTEwJmZvbnRzdHlsZT1mLWxhcmdlcg==).

Tuve la precaución de guardar el archivo de su líbelo en contra mía y está a consulta en este enlace.

Por lo tanto para nadie será necesario darse de alta en su periodicucho en línea, El Sol de Iquique, a fin de poder enterarse de este asunto.

Y por supuesto está pendiente la respuesta que merece el culto "argentino de mierda" Marco Albornoz, quien inició un debate conmigo sobre el asunto del perro "Clinton", debate que él mismo propuso pero del que terminó huyendo cobardemente, entre mentiras y pretextos llenos de lo que los propios argentinos llaman "viveza criolla", al darse cuenta de que no le iba a resultar fácil.

Esta entrada irá creciendo.

[Noticia de última hora (sábado 16 de febrero de 2010, 13:03, hora de la Ciudad de México): Acabo de leer dos comentarios que Marco Albornoz envió uno tras otro, hace unas horas, como reacción a esta entrada en la que se le menciona, y que supuestamente le ha provocado una gran indignación.

Por supuesto que los publicaré pero no sin antes redactar las respectivas respuestas que se merecen, igual que él jamás publicó mis comentarios en su blog "animalista" sin acompañarlos con sus tramposas "respuestas". Y eso que me insulta en el primero, pero como en el segundo alude de algún modo al "fair play" al que aludí en mi último comentario que le envié y que ya no publicó, mostraré tolerancia a este hipócrita "defensor animal" que para nada habla ni pregunta sobre el "individuo Clinton". Estén pendientes.]

Más sobre Marco Albornoz en la entrada siguiente: teradatomoo.blogspot.com/argentinovstomoo

[No recuerdo haber conocido alguna vez a una "Laura H S", quien, si es una persona real, realmente no se identifica, así que es lo mismo que un anónimo. Pero no es difícil obtener información acerca de mí y manipularla, mezclándola con mentiras: me he conseguido grandes enemigos como, por ejemplo y por obvias razones, la gente del Cisen.

Y por cierto que para saber lo del Barco Mundial de la Juventud no se necesita haberme conocido. Eso está en línea: http://gbooks1.melodysoft.com/app?ID=ondanikkei&DOC=211 . Lo sucedido en Chile sólo confirma lo que preví entonces, en cuanto a los resultados nefastos de callar y no hacer frente a los estereotipos racistas.

Y Rosa Beltrán, como alta funcionaria de la UNAM, facilmente puede conseguir en dónde estudié, pues aquí se mencionan mis estudios en esa Universidad: http://www.letralia.com/firmas/teradatomoo.htm. Esa señora realmente estaría obsesionada conmigo. Pues habiendo sido yo censurado en Laberinto, mi blog le ha parecido tan amenazante como para, en respuesta, haber mandado crear, con evidentes amplios recursos, su propio sitio. ]

Pero lo importante es escribir acerca de lo sucedido con el pobre perro "Clinton" y Fabio Hua Fang. Continuaremos con el tema.

Antes de proseguir, dos anotaciones importantes:

La "viveza criolla" no tiene, hasta donde sé, una definición establecida y compartida por todos en la Argentina, pero por lo que he hablado con los argentinos que he conocido tiene mucho que ver con esa imagen, ese estereotipo del argentino como un individuo prepotente, presuntuoso, dedicado a sobajar a los demás, quienes no lo "merecen". Que detrás de una aparente seguridad, una fachada de alta autoestima en realidad oculta una profunda inseguridad. Esta es la imagen que se usa en los chistes sobre argentinos.

Esta imagen, este estereotipo que algunos argentinos se han encargado de difundir al exterior de la Argentina con su conducta, ha perjudicado a sus demás compatriotas, quienes muchas veces se enfrentan con el recelo en otros países latinoamericanos por el simple hecho de abrir la boca y hablar con el típico acento argentino, y con el vos, con el che y otros argentinismos. Que tienen que oir, por ejemplo, que se les diga que son bastante agradables para ser argentinos. Así que no hay que generalizar, a pesar de encontrarse casos como el del hipócrita "defensor animal", Marco Albornoz, ya señalado.

A gente como él por lo visto sólo le interesa utilizar a "Clinton" como pretexto para poder manifestar libremente su odio. ¿Por qué no organiza este simulador una colecta para que se le pague a alguien para cuidar a "Clinton" el resto de lo que tenga de vida, si es que no se consigue persona que lo adopte? ¿O por qué no adopta él mismo a "Clinton", su "única pre-ocupación", y se lo trae desde Chile?

La segunda anotación se refiere a los defensores animales, quienes tienen todo mi respeto y admiración siempre que su actividad no oculte otros intereses. Mencione el caso de la activista pro derechos animales Pepa García, de Teleperra, a quien incluso envié un correo de felicitación por su valentía al ir en contra de la corriente y señalar el racismo que se estaba dando alrededor del caso del perro "Clinton". Espero no haya recibido anónimos insultantes por eso.

Esto hay que dejarlo muy claro para quienes por primera vez lean sobre este asunto, a fin de que no sean engañados. A Marco Albornoz no puede importarle menos el perro "Clinton" y la defensa animal. Para él sólo se trata de un pleito personal que intenta disfrazar como indignada defensa de un perro por el que no ha hecho (ni por lo visto hará) nada real.

En realidad se trata de puro resentimiento suyo porque "me atreví" a meterme con él, a exhibirlo. Durante más de dos meses ha estado en este blog la entrada inmediatamente anterior: http://teradatomoo.blogspot.com/2010/08/respuesta-al-deshonesto-y-censurador.html , la cual fue dirigida a los racistas chilenos disfrazados de defensores animales. Albornoz en ningún momento asumió la "defensa" por sus "hermanos", supuestamente luchando por "Clinton". Ni lo ofendió la imagen de Augusto Pinochet que coloqué en esa entrada para que los sedicentes "defensores animales" pudieran ver, cual si fuera un espejo, su verdadera imagen.

Fue hasta que lo mencioné por su nombre que, furioso y echando espuma por la boca, se dio por aludido.

Es el mismo que concluyó unilateralmente en su blog la polémica que él mismo había propuesto que entablaramos, censurando el último comentario que envié de mi correo al suyo. Y que ahora clama "censura" de mi parte siendo que, en todo caso, el me censuró primero. Y no sólo eso: abusivamente quiso dejar bien establecido que él tenía la última palabra y que ya no había más de que hablar, firmando "M" y mandándome a un enlace que, según él, apoyaba su punto de vista. Realmente lo que le ha sacado de quicio es el que le haya dado una sopa de su propio chocolate. Que le haya aplicado el mismo trato que aplica a los demás.

Nuestro hipócrita "defensor animal" con sus insultos lo que pretende es que me rebaje a su nivel, desatar un flame war que "probaría" que soy tan hipócrita como lo es él. Que de mi parte no habría tampoco interés real alguno en discutir seriamente la defensa animal, el racismo y cualquier otro tema. Cree también que replicando sus mensajes en Facebook y otras partes la gente en línea le dará la razón, como si el que más pueda gritar y más fuerte lo haga pudiera demostrar con eso que tiene la razón.

Por supuesto mis enemigos en México pueden seguir apoyándolo escribiendo en su blog sus mentiras acerca de mí, cual muro de los Lamentos, multiplicándose y ocultos tras varios nombres. Como dice el refrán: Dios los cría y ellos se juntan...

Pero a pesar de la hipocresía y cinismo de Albornoz me pregunto si su gran ego no sufrirá un severo daño cuando se dé cuenta de que fue utilizado como "tonto útil", desde México, por el Cisen y otras entidades y personajes igualmente oscuros.

Me escribió:

Pero gracias por la experiencia, he leído perfiles tuyos de gente muy allegada a vos, muy próxima, mails y declaraciones que hacen de vos todo un personaje, che...

Pues lo autorizo a publicar toda esa basura, esos "mails y declaraciones" de gente que utiliza seudónimos y abre cuentas de correo con diferentes nombres inventados, a fin de evitar ser rastreados. Sólo probarían la "Severa Vigilancia" -como el título de la obra de Jean Genet- a la que alguien como yo, que "no soy nada", estaría sometido.

Por eso se equivoca al hablar de que quien se oculta tras "Laura H S" o cualquier otro nombre inventado sea gente allegada a mí. Porque mis allegados son personas con nombres reales y valor para dar la cara, a diferencia de sus nuevos "amigos", con quienes sólo el odio compartido hacia mí es su único punto de unión.

[Por cierto que recibí un comentario de "Laura H S", pero bajo otro nombre, según parece ser su costumbre. Dice conocer a Rosa Beltrán y hablar con ella. (!) (?)]

[Después de que mencioné públicamente el comentario anterior recibí otro que pretendía "corregir" lo antes escrito, enviado también bajo otro nuevo nombre. Me quedé tan asombrado de este rápido cambio que, además de aprovechar para adelantar en otros asuntos, estuve pensando en si debía de publicarlos. Decidí no hacerlo pues sería darles una seriedad y respetabilidad que no tienen. Estuve pensando también en si debía volver a escribirle al actual jefe de Rosa Beltrán, el Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, Sealtiel Alatriste, para desmentir la respuesta que me había dado en cuanto a que lo de Beltrán había sido un "malentendido", haciendo de su conocimiento esto.

A pesar del profundo desprecio que tengo hacia una mitómana racista como lo es Rosa Beltrán, ni yo ni nadie podría acusarla de algo con base en que el autor de un anónimo dice conocerla. Contradeciría lo que he peleado en el caso de Elena Garro. Por su propio carácter no podrían ser, en todo caso, prueba alguna en contra de Beltrán.

Quienes haya vivido el recibir anonimos saben que la intención de quien o quienes lo hacen es el sentir poder sobre la persona a la creen que así pueden intimidar.

Ya he explicado a los nuevos lectores de qué va el asunto con el hipócrita "defensor animal" Marco Albornoz. Ahora daré los antecedentes sobre el Cisen y Rosa Beltrán.

El Cisen (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) es el organo del gobierno federal mexicano dedicado a la "inteligencia política". A partir de mi investigación sobre el escándalo de las acusaciones de espionaje en contra de la escritora Elena Garro derivé a encontrar que la presencia de personal del Cisen en el Archivo General de la Nación, para hacerse cargo de las pruebas de actos genocidas que involucraban a sus propios compañeros, era ilegal. Esto tuvo su primera manifestación publicada en una columna del periódico Milenio Diario, uno de los principales periódicos mexicanos, dejando de lado algunas violaciones a la ética periodística que algunos de sus miembros cometen como, por ejemplo, la censura que ya he mencionado sufrí en su suplemento cultural, Laberinto, porque su editor quiso darle un espaldarazo público precisamente a Rosa Beltrán.

Aunque no de inmediato, no mucho tiempo después de que esta columna sobre mi investigación,"La guerra sucia de Fox", fuera publicada, a su autora, Maite Reyes-Retana, se le dijo que el periódico tenía problemas presupuestales, que no había dinero para pagarle su columna. Ni se le corrió ni se le censuró en el sentido de una negativa a publicar un texto que ella entregara. Simple cuestión de dinero. Pero curiosamente, hasta donde he podido darme cuenta, la suya, la columna "Acentos", fue la única columna eliminada en esa época.

Y mucho antes de eso, antes que a cualquier otro medio, me había dirigido con esta información al periódico Reforma, otro de los principales periódicos del país. Me entrevistó un reportero llamado Israel Rivera, a quien entregué unas 30 copias de documentos oficiales relacionados con el asunto. Después de innumerables ocasiones posteriores en las que pregunté por este reportero y por su editor, Jorge Arturo Hidalgo, resultó que el reportero había renunciado o lo habían corrido (no se me explicó). Si desde un principio se me hubiera dicho claramente que para Reforma esa información no tenía relevancia periodística o no iba con su línea editorial me habría parecido una actitud discutible pero respetable. Pero lo que hubo fueron todas esas vueltas extrañas.]

miércoles, 19 de agosto de 2009

El denunciante como maledicente, según Fernando Iwasaki

Por lo visto mis acusaciones contra Rosa Beltrán han calado muy hondo, a pesar de la cínicamente mentirosa “Aclaración” de ella, la censura impuesta por José Luis Martínez y el que, por lo visto, la mayoría de los lectores no haya entendido la parte racista del asunto.

De otra forma no se explica que otro colaborador del suplemento Laberinto, el escritor peruano Fernando Iwasaki, parezca referirse a mí sin nombrarme, en la colaboración de su columna del sábado 15 de agosto, titulada “Maledicentes”.

Difícil no darse por aludido si of all places Iwasaki publica su texto en Laberinto (colabora también en el diario español ABC y en otras partes), el mismo suplemento en el que, hace no tanto, se publicó mi carta sobre el racismo entre “los cultos”, específicamente Rosa Beltrán. La misma que, al no tener la opción de poder ningunearme (las acusaciones eran tan graves que su silencio sólo podría interpretarse como aceptación) escribió una mentirosa “aclaración” que no aclaraba nada. Mismo suplemento en el que su editor, José Luis Martínez, le dio la razón a ella y la última palabra al tiempo que impedía cualquier posibilidad de que yo pudiera responder a sus mentiras, exhibiéndola aún más. El mismo Martínez, quien terminó asumiendo por correo ante mí la censura descarada de una carta abierta en la que yo protestaba por su parcialidad como editor.

Si todo lo anterior es reducido a mera “maledicencia”, entonces Rosa Beltrán no es una racista mentirosa y José Luis Martínez no es un censurador, editor confeso de refritos y lacayo de Beltrán. E Iwasaki no tiene por qué sentir la mínima pena de elogiar a Beltrán o publicar con Martínez.

Tan difícil como el que yo no me dé por aludido es igualmente difícil para Rosa Beltrán el que ella no se dé por aludida. Porque lo que Iwasaki inicia como un aparente repaso por la historia de la maledicencia en el ámbito literario deriva en una curiosa arenga a practicar “la costumbre de elogiar”. Enlista a un grupo de escritores españoles a los que considera elogiables y, a continuación, “como la lista latinoamericana sería larguísima” se limita a México (quién sabe por qué este país y no Argentina o su natal Perú) y enlista a los escritores mexicanos elogiables, entre los que cuenta a…Rosa Beltrán.

A mí me parece, por parte de Iwasaki, una forma muchísimo más hábil y sutil de poder darle también un espaldarazo a Rosa Beltrán, sin caer en la torpeza de José Luis Martínez de evidenciar censura y hasta expresar afirmaciones involuntariamente denigrantes para sí mismo (“soy un editor que, a sabiendas, publica refritos”).

Iwasaki tiene la costumbre de elogiar. Hace poco, en el mismo suplemento Laberinto, lo que inició como una columna para poner en duda el valor de ser “escritor joven”, de considerar la juventud y precocidad de los escritores como un valor en sí mismo, acabó concluyendo en un elogio (merecido) al escritor argentino Andrés Neuman.

Pero en realidad Iwasaki se equivoca. No se trata de que “contra la maledicencia, el elogio”. Porque la crítica y la denuncia pueden acabar siendo consideradas como “maledicencia” por quien no entiende la diferencia entre elogiar y adular. O la diferencia entre las relaciones públicas y la crítica literaria positiva o negativa hacia la obra de quienes, como humanos, lo mismo pueden escribir maravillas, que obras buenas, malas o mediocres. Aquel que siempre invariablemente elogia terminará viendo siempre cómo sus elogios son cada vez menos apreciados por sus elogiados, que apreciarán su amistad pero no necesariamente su gusto.

Ya que Iwasaki implica que soy un “maledicente” tengo que informarle que, por ejemplo, elogié en la revista mexicana Replicante la obra de uno de los escritores españoles, Isaac Rosa, al que él considera elogiable; en específico su novela El vano ayer (2004). Antes de mí, que yo sepa, en México sólo se habían publicado acerca de esta novela de Rosa las críticas “maledicientes” de Christopher Domínguez y José Manuel Prieto, los cuales se ocuparon, más que los aspectos literarios de la novela, de especular acerca de la relación que guardaba Rosa con los regimenes cubano y venezolano, de quienes, según se podía desprender de lo que escribían aquellos, Isaac Rosa habría sido escritor favorito y consentido, a grado tal como para que, no importando que fuera en forma turbia, le regalaran el premio Rómulo Gallegos de 2005, en perjuicio de otros concursantes.

Más bien Iwasaki tendría que ser más cuidadoso en sus elogios, pues, por ejemplo, elogiar a Rosa Beltrán no es lo mismo que elogiar a Isaac Rosa. Este último no tiene en España, hasta donde estoy enterado, un cargo en la burocracia cultural que le permita difundir a otros escritores, a diferencia de Beltrán. Entre Rosa y Rosa Iwasaki puede terminar espinado de la lengua por soltar elogios a diestra y siniestra. Elogiar la obra de una funcionaria encargada de difundir la obra de otros escritores, con la capacidad de promover a unos y vetar a otros, como sin duda será su caso y el mío, respectivamente, siempre despertará la suspicacia.

Pero lo más importante es, creo, el hecho de que sea precisamente él, el colaborador de Laberinto que tiene un apellido “oriental”, quien le dé un nuevo espaldarazo a Rosa Beltrán. Eso “probaría” que José Luis Martínez tiene razón y que en el texto de Rosa Beltrán sobre los coreanos no hay “ningún atisbo de racismo”.

Quiero pensar que Fernando Iwasaki, al igual que muchos lectores, no entendió la parte racista de este asunto. Pensar de otra forma implicaría el tener una concepción muy negativa acerca de él, como alguien a quien, para establecer o mantener una amistad o relación conveniente que le sirva para seguir promocionando su obra en México (editor José Luis Martínez y funcionaria Rosa Beltrán), no le importa escupir contra sí mismo, contra la parte de sus genes que es “oriental”.

Iwasaki, quien es nieto de japonés (Wikipedia) y se declara en entrevista “medio japonés” no tiene, ciertamente, mucho aspecto “oriental”; y como lo da a entender en algún cuento suyo como “La sombra del guerrero” la herencia cultural japonesa en realidad le es ajena. Para él lo “oriental” es algo tan exótico como para la mayoría de occidentales, quienes no cuentan entre sus antepasados a un abuelo japonés.

Y como Iwasaki ha comido (creo que se trata de una exageración literaria, pero quién sabe) hamburguesas de gato (Por qué escribo relatos o para cuándo novela) seguramente no alcanza a percibir qué puede tener de racista el que Rosa Beltrán invente que los coreanos se roban gatos para comérselos y además invente a un amigo anónimo al que pueda atribuir tal declaración.

¿Para hacer esas hamburguesas Iwasaki se robó los gatos de los vecinos, se quejaron de él y terminó apareciendo en un periódico como el medio japonés robacomegatos? ¿O todo lo anterior sólo puede ser señalado, incluso inventado, cuando se trata de coreanos?

Por eso, en el próximo mensaje les explicaré y mostraré, a él y a todos quienes no hayan entendido la acusación de racismo contra Rosa Beltrán, que la misma tiene su base en la forma tan rara en que Beltrán escribe y “versiona” sus supuestas crónicas.

domingo, 9 de agosto de 2009

Deconstruyendo a Rosa Beltrán: los coreanos robagatos/Mexican Alexandra Wallace



Reescritura de marzo de 2013.


¿De qué acuso a Rosa Beltrán, actual directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y autora de La corte de los ilusos y Alta Infidelidad, como para atreverme a calificarla de racista, sinvergüenza y cobarde, a ella, una muy prestigiada y respetable académica (la imagen que ella ha procurado forjar) egresada de la UCLA (University of California Los Angeles) y, dicen, también literata?




Voy a ser muy directo y breve, pues percibo que muchos siguen sin entender de qué se trata.




Acuso a Rosa Beltrán de ser alguien tan perversa como para, por odio a un grupo racial minoritario residente en México, inventar, entre otras mentiras, que sus miembros se roban gatos domésticos de los mexicanos, para comérselos.




Y de ser tan cobarde como para, en razón de la corrección política prevaleciente en el medio académico en el que se desenvuelve, en lugar de asumir su racismo y lanzar ella misma la acusación en contra del grupo al que odia, inventarse que esa información se la había proporcionado un amigo —obvio: también inventado—, el cual, a su vez, no le informaba de algo que le constara personalmente, sino que —también inventado por Beltrán— lo había leído en un periódico que no identificaba.




¿Queda claro? Una escritora racista que no puede asumir públicamente su racismo en razón del discurso multicultural y políticamente correcto prevaleciente en la UNAM, en donde ha hecho carrera, aprovecha su inmerecido prestigio literario para atacar a los coreanos inventando que éstos se roban los gatos de los mexicanos para comérselos.

Esta falsa información se la atribuye como fuente a un amigo, también inventado, imaginario, ficticio, para evitar ser responsabilizada de la mentira racista que ella misma ha creado. Amigo que puede aparecer en la primera "versión" de su texto (2006) —según ella de una crónica, de "una experiencia escrita por un sujeto, desde un punto de vista", se pueden reescribir múltiples versiones— para, inexplicablemente, desaparecer el supuesto amigo en la segunda "versión" (2009) del mismo texto, que Beltrán publica con otro título en un medio diferente, aunque las dos "versiones" se refieran a la misma visita al barrio coreano.

Tan deshonesta es que la fuente de la segunda "versión" resulta ser algo que leyó "alguna vez" y que no identifica porque tendría que reconocer que la fuente es su propio texto mentiroso, en su primera "versión".

Y es que a Rosa Beltrán no le importó "desaparecer" a ese, su "amigo"*, en esa segunda "versión" más reciente de la visita al barrio coreano porque ese "amigo" anónimo nunca fue más que una creación imaginaria, al que pudo hacerle expresar ese odio racista hacia los "orientales" que Beltrán no tiene el valor de expresar por sí misma y en su propio nombre. Hubiera tenido siquiera la desfachatez de Alexandra Wallace, estudiante de la UCLA en donde Beltrán obtuvo su doctorado en Literatura Comparada. Porque Beltrán es una "Mexican Alexandra Wallace" aunque más hábil, como para inventarse amigos imaginarios y fuentes anónimas para no expresar directamente su odio racista.




Repasemos otra vez: el texto en el que se contienen esa y otras mentiras se publica en 2006 en la revista Nexos, la cual, junto con Letras Libres, es, merecida o inmerecidamente, una de las dos más influyentes revistas político-culturales de México, tan influyente que varios de sus miembros han tenido altos cargos gubernamentales, incluida la titularidad de una secretaría de Estado. La invención perversa de una racista queda validada entonces como un hecho real: los coreanos, en virtud de persistir en costumbres que en México consideramos repugnantes, se atreven incluso a robar a los gatos, las mascotas de los mexicanos. ¿Cómo dudar de ello si nos lo entera una prestigiada escritora que publica en una revista influyente?

Ella sabe que Nexos no es la revista de mayor circulación en México. Pero lo que le falta en cuanto a circulación lo compensa con influencia, prestigio entre las élites, proyección internacional. Todo ha salido perfecto. Ella ha podido lanzar su ataque contra esos despreciables coreanos, tal vez incluso influyendo a políticos encargados de temas de inmigración y seguridad pública, sin aparecer como racista. Sabe, además, que mientras centre su ataque solapado en contra de los asiáticos no tendrá problemas. Si se metiera con los negros o los indígenas entonces sí correría el riesgo de que su impostura se hiciera evidente.

Pero la escritora racista, la sinvergüenza Rosa Beltrán, comete un error: vuelve a publicar su libelo racista, ahora en 2009, pero cambiándole el título para engañar a los lectores, sus lectores (a quienes públicamente proclama amar y finge respetar pero a quienes en el fondo considera unos tontos, tan tontos como para que se les haya podido engañar haciéndoles creer que ella es una gran escritora)**, para que no se den cuenta de que se trata de un refrito. Además tiene que realizarle varios cambios a lo publicado en Nexos, pues por razones de espacio el número de caracteres debe ajustar en la columna que ahora tiene en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario, uno de los periódicos mexicanos más influyentes en la actualidad.

Y entonces ocurre su peor pesadilla: la descubren.

Y a su mentira se le pueden oponer pruebas que la desmienten totalmente.

Y para colmo quien la exhibe es un mexicoasiático.



Postdata de 2013:

He actualizado la redacción de la entrada y le he agregado algunas imagenes, incluida la de Alexandra Wallace, pues Rosa Beltrán puede ser descrita como una "Mexican Alexandra Wallace". 




*Tampoco le importó nada a la señora Beltrán que su mentira, la leyenda urbana que inventó, pudiera provocar una reacción violenta en contra de los coreanos, como la que se dio en Paraguay apenas el año pasado. Supongo que la hubiera considerado sólo como los
Efectos secundarios...de las leyendas urbanas inventadas por racistas como ella.




**He estado tentado a escribir una reseña de la más reciente novela de Rosa Beltrán, Efectos secundarios, la cual, si soy honesto conmigo mismo y con los lectores, sería muy negativa por razones estrictamente literarias muy aparte de que, por razones públicas y obvias, Beltrán me desagrade como persona. Correría el riesgo de que se molesten conmigo quienes la han puesto por la nubes en sus reseñas, personas por otra parte muy respetables como Nicolás Alvarado, Mónica Lávin y Élmer Mendoza, quienes tienen todo el derecho de estimar a sus amistades.

Lo que me ha impedido decidirme a hacerlo es que, hasta ahora, he escrito sobre obras que he considerado puedo elogiar por su calidad literaria, que me han gustado aún si he puesto algún reparo y, sobre todo, me han proporcionado placer de lector. Eso se nota, creo yo, en mis reseñas a las novelas El vano ayer, de Isaac Rosa y El huésped, de Guadalupe Nettel. ¿Para qué escribir sobre una obra que no me da ese placer por más elogios conque los amigos de la autora la cubren? Esa ha sido mi duda.

 















viernes, 7 de agosto de 2009

Carta censurada en Laberinto

Nuevamente, después de mucho tiempo, he vuelto a ser "honrado" con la censura. Sin duda es desagradable el ser censurado, pero tiene un aspecto positivo en el que no suelen pensar los que censuran: ser censurado es muy bueno para el ego de quien lo sufre. Parece masoquista, lo sé, pero no puede dejar de pensarse: "si me censuran he de ser considerado realmente provocador, crítico, peligroso..."

Como ya se sabe, se publicó el sábado 1 de agosto de 2009, en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario una carta mía denunciando la deshonestidad y racismo de la actual directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y columnista de Laberinto, Rosa Beltrán, quien, además, es considerada por sus panegiristas una de las mejores escritoras mexicanas. Opinión que no comparto ( ¿o será que ahora yo soy el prejuciado y estoy realmente convencido de que tendría que ser una escritora realmente extraordinaria, con valores literarios tan grandes como para que su racismo y demás defectos que la adornan pueda olvidarse, en lugar de que fuera la pasable y correcta redactora que, a lo mucho, en realidad es?).

Y como todo mundo pudo darse cuenta, de forma totalmente inusitada el director del suplemento, José Luis Martínez S., intervino para darle un espaldarazo público a Beltrán, minimizar mis argumentos y anunciarme públicamente que el espacio de Laberinto quedaba cerrado para mí, de ahora en adelante, con el obvio propósito de impedir cualquier posibilidad mía de responder en el espacio de Laberinto a las cínicas mentiras de Beltrán contenidas en su pretendida "Aclaración".

Es seguro que Martínez recibió fuertes presiones para actuar como lo hizo. Porque... ¿qué editor con un mínimo de dignidad y respeto propio puede reconocer públicamente que su suplemento recibe y publica refritos así sea de Nexos, reconociéndose como una simple sucursal de esa revista, de la que recibe agradecida los huesos ya roídos que se sirvan arrojarle?

Por eso ingresé este 3 de agosto una carta dirigida a José Luis Martínez protestando por su parcialidad y señalándole que estaba arriesgando su prestigio personal, el de sus demás colaboradores y todo el suplemento, sólo para apoyar a Beltrán. Durante buena parte de ese lunes 3 de agosto tuve un tenso intercambio de correos con Martínez, quien primeramente pretextó una supuesta falta de espacio para no publicar la carta.

Finalmente terminó reconociendo que se trataba de una censura descarada. Claro, si mis señalamientos contra Beltrán eran mentiras, exageraciones o simple difamación, ¿para que censurar la posibilidad de que yo la volviera a exhibir, ahora mostrando que ella fingía una falsa dignidad para no responder, por ejemplo, acerca del por qué se había inventado unas declaraciones falsas de un amigo también inventado, a fin de utilizarlas en contra de la comunidad coreana?

Pero en otra entrada abundaré más acerca de los aspectos racistas de este asunto. He comprobado que muchos no han terminado de entender qué tiene de racista lo que escribió Rosa Beltrán. Eso no es extraño en un país en el que a un delincuente se le puede nombrar en los medios como El Chino, omitiendo su nombre y recalcando su origen asiático, pero en el que llamar El Judío a otro criminal sería motivo de un verdadero escándalo.

También habrá que referirse al mito de que un posgrado (en la UNAM o Harvard, el ITAM, la Universidad de Florencia o la de Colima, etcétera) vacuna en contra del prejuicio y la deshonestidad. Lo menciono porque algunos parecen creer que una académica del posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras, doctorada en Literatura Comparada en la Universidad de California, no puede actuar como una sinvergüenza, aunque esto sea comprobable.

Lamento mucho el triste papel que terminó jugando José Luis Martínez en todo esto, pero él aceptó interpretar el papel de lacayo de Rosa Beltrán.






A 1 de agosto de 2009


José Luis Martínez S
Director de Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario.


Sr. José Luis Martínez S.:

Agradezco la publicación el día de hoy de mi carta acerca del bochornoso asunto de Rosa Beltrán, pero lamento que al mismo tiempo me anuncie el cierre de Laberinto hacia en contra de mi persona, a fin de impedirme responder a las nuevas mentiras de Beltrán contenidas en la pseudoaclaración que se publica de ella.

También lamento que abandone usted la imparcialidad que un editor debe mantener cuando se cuestiona a uno de sus colaboradores. Incluso intenta, sin mucha convicción ni fortuna, una débil defensa de lo indefendible, arriesgando su reputación personal y el prestigio del resto de sus colaboradores y, en general, del suplemento que dirige, a fin de darle un espaldarazo a la funcionaria Beltrán.

Aprendí que en Laberinto son bienvenidos los refritos (¿o sólo se lo permite a Rosa Beltrán?); que usted no considera racista el acusar falsamente de robar gatos para comérselos a una comunidad minoritaria, residente en México; que, a diferencia de Carlos Marín, el cual considera (Manual de periodismo, 2005) que “el cronista toma la realidad como punto de referencia para interpretar los fenómenos sociales”, para Beltrán y usted un cronista es alguien con licencia para presentar declaraciones y lecturas imaginarias como reales, haciéndolas aparecer entrecomilladas.

Y que Carlos Monsiváis, Juan Villoro (quien sé que es gran amigo de Beltrán, pero también hombre honesto, en lo que me consta hasta ahora), al igual que otros cronistas, deben dejar de ser perezosos y ponerse a escribir nuevas “versiones” de sus crónicas.

Finalmente le ofrezco una disculpa, creí que había sido engañado con un refrito, pero ahora veo que los únicos engañados han sido y serán los lectores.

A fin de dejar públicamente establecida mi posición respecto a la actitud que usted adopta, le solicito la publicación de la presente en el suplemento que dirige.

Atentamente.
(firma)
Tomoo Terada

(sello de recibido)

viernes, 31 de julio de 2009

Denuncia pública en contra de una "intelectual" racista

El día de mañana, sábado 1 de agosto, se publicará en la página 8 de Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario una carta abierta mía referente al racismo entre los intelectuales mexicanos, centrándome en el caso de una alta funcionaria de la UNAM, quien supuestamente (yo no lo creo así) es una de las mejores escritoras del país. Así lo he acordado ya con José Luis Martínez S., director de ese suplemento, quien, hasta este momento, no me ha avisado de algún cambio o posposición.

Esto se da en respuesta a un libelo racista de la supuesta gran escritora, publicado en ese mismo suplemento en forma totalmente involuntaria por parte de José Luis Martínez, quien por eso me ha permitido el espacio para responder a la no sólo racista sino sinvergüenza "escritora".

Abundaré mucho más después de que la carta pública de denuncia haya sido publicada.

Atentamente.

Tomoo Terada