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domingo, 29 de noviembre de 2020

La censura de Twitter, la compañía que encubre la incitación al suicidio




Desde el 27 de mayo de este año mi cuenta de Twitter, @Tomoo_Terada ha sido cerrada a mí.


La razón que alega Twitter es que violé sus reglas respecto a abuso y acoso con los tuits que muestro.




 

Así que aunque de forma visible no aparece como una cuenta restringida, lo que da la falsa impresión de que si no tuiteo desde el 27 de mayo es por elección propia, la cuenta está cerrada a mí aunque he comprobado que puedo recibir DM.




Me mandaron correo en inglés desde Twitter anunciándome este cierre y que además me dice "no puedes implicarte en acoso dirigido contra alguien o incitarlo. Eso incluye desear o esperar que alguien experimente  daño físico". Sería muy atendible indicación si no fuera que jamás en los tuits que señalan, ni en ningunos otros, aparezco haciendo tal cosa de lo que me acusan, como cualquiera puede comprobar. Tanto que en mi respuesta los invité a que me señalaran con precisión en dónde había incurrido en esa conducta.


Porque ¿acaso decirle a una tipeja despreciable que es una Hija de la Chingada es "desear o esperar que experimente daño físico" y es realmente más grave que lo que esa misma tipeja hizo incitando al músico Armando Vega Gil a que se matara? Incitar al suicidio no es acaso ahí sí realmente "desear o esperar que alguien experimente  daño físico": "¡Que se mate!"


Hay que recordar la historia. En marzo de 2019, en el contexto de una campaña #MeToo aparecieron varias cuentas de Twitter, cada una sectorizada (músicos, escritores, académicos...) todas con alguna excepción manejadas anónimamente y las cuales publicaban historias de abuso en las que se señalaba con nombre al presunto abusador, aunque la aplastante mayoría de los testimonios también eran anónimos. Además, se mezclaban historias de horrible abuso con quejas francamente ridículas e imprecisas.


En una de ellas, dedicada a los músicos mexicanos, apareció la "denuncia" (siempre he procurado entrecomillarlas, pues la inmensa mayoría no habrían pasado de ser chismes anónimos en internet si no les hubiera dado oxígeno el #MeToo) en contra del músico Armando Vega Gil, integrante del grupo Botellita de Jerez. La historia, anónima, la contaba una supuesta mujer que en ese momento tendría ya unos 26 años, y que cuando tenía 13 supuestamente conoció a Vega Gil, quien, supuestamente (uso mucho la palabra, pues quiero hacer consciente a quien lea que nunca hubo más que el testimonio anónimo) le habría mandado mensajes a través de MSN en  las que como hombre adulto le mandaba proposiciones a una niña de 13 años como el de enseñarle a besar. Algo importante de subrayar es que según el propio relato anónimo, Vega Gil nunca habría tocado físicamente a la entonces niña ahora mujer. Todo, supuestamente, se habría limitado a los supuestos mensajes. 


Armando Vega Gil, quien en ese momento más que dedicarse al grupo vivía esencialmente de sus ingresos escribiendo literatura infantil y juvenil y cantando para niños, profundamente afectado por la "denuncia" según testimonios de sus amigos, terminó anunciando en la madrugada del 1 de abril en una carta de suicida, que se mataría. Muchos lo descalificaron después de su muerte alegando problemas de salud mental, pero el escrito era bastante lucido en el sentido de que no tenía oportunidad alguna de limpiar su nombre en el tribunal de redes sociales. 





Además, al ser acusado sin prueba alguna de ser pederasta, le habían quitado cualquier credibilidad para escribir y cantarle a los niños. Contrario a la acusación post mortem de problemas de salud mental Vega Gil fue muy lúcido de que aunque demostrara judicialmente que era inocente, el público y los amigos lo irían abandonando por la duda que se había sembrado sobre él. Y que por eso no veía otra opción que el suicidio, pues fue enfático y claro en que su muerte no era una confesión de culpabilidad sino una radical protesta de inocencia.


Ya ahora en 2020 me "encontré" en línea a la standupera ("standuperra" según ella misma, o sea bien malota) Cynthia Híjar en Twitter, quien estaba felicitando al ahora muy conocido Hugo López Gatell, el encargado de la política de atención al Covid-19 por el gobierno federal de México, por haber llevado a su hijo a una de sus conferencias ante la prensa. No pude más que mentarle la madre y reclamarle el que el hijo de Vega Gil hubiera quedado huérfano.


Un grupo de amigas de Híjar se le unieron para burlarse e insultar, pero cuando empezaron a referirse burlonamente de forma indirecta a que ella  quería que me suicidara, arrobé a la cuenta de la policía de la Ciudad de México, la cual se hizo presente, y a partir de ese momento las referencias al suicidio cesaron.





Y aquí quiero ser claro: nunca he acusado de que Vega Gil se haya matado sólo por la incitación de Híjar o incluso la de grupo de mujeres de las que formó parte en línea. Pero que por sí mismo esa conducta es criminal y moralmente reprobable lo sostengo. Y además en contra de las políticas expresas de Twitter. Pero Twitter jamás ha actuado de alguna forma en contra de Híjar. Le ha brindado absoluta impunidad.


Híjar le reclamó que intentara chantajear al "movimiento" con el anuncio de su suicidio. Luego otra empezó a decir "que se mate", lo que secundaron Híjar y otras repitiendo lo mismo. Híjar terminaría borrando su tuit cuando se supo que Vega Gil se había matado realmente.


Y así llegamos a 2020 cuando para colmo además de cobarde y criminal la tipa buscaba quedar bien en línea con el actual "rockstar" del Covid en México, Dr. Hugo López Gatell. Por cierto que el hashtag #LordImbécil no se refería a él. Aunque mantengo mi crítica a su mal manejo de la pandemia en México.





Twitter ofreció desde el principio, hace meses, que si borro los tuits "culpables", uno de ellos el que acaban de ver, en el que le miento a Cynthia Híjar la poca madre que tiene, podía tener acceso de nuevo y de inmediato a mi cuenta. 


Eso es un vil chantaje. Borrar esos tuits implicaría aceptar la presión de Twitter para "reconocerme" culpable de lo que falsamente me acusan, e incluso borrar la prueba de su falsa acusación.


En realidad quieren imponer una falsa narrativa en que la víctima es el victimario y una tipeja enferma y sus cómplices serían pobres mujeres acosadas por mí.


Después de mentarle la madre se desató una pelea en línea en la que fue apoyada por cuatro de sus amigas. Así que lo que hubo en realidad entre yo y ellas fue un muy parejo intercambio de burlas e insultos (aún siendo yo uno contra cinco) que cayó muy mal a la influencer pseudo "feminista" Cynthia Híjar @feminasty, la tipeja despreciable y cobarde a la que me refiero, acostumbrada a la impunidad al amparo del #MeToo y lo que se pretende "feminismo".´


Incluso la reté a que finalmente presentara las pruebas supuestamente contundentes como para que asegurara, ya muerto Vega Gil y sin la posibilidad de él responderle, que era un "mártir pederasta". Porque aseguró que la denuncia no había sido anónima, sino que se había compartido de forma anónima. Pero si la cuenta de Twitter era anónima el que compartiera supuestos testimonios también anónimos lo que mostraba es que a capricho y sin ninguna responsabilidad se podía acusar a alguien como Vega Gil ya ni siquiera de haber cometido un delito, sino de tener tendencias que lo descalificaban para tratar a niños y jóvenes.


Porque la fuente de ingresos de Vega Gil eran sus conciertos y libros dirigidos al público infantil y juvenil. El mero haber sembrado la duda, sin ninguna prueba, de que él fuera un pederasta era incitar a los padres de esos niños y jóvenes a mantenerlos lejos de Armando Vega Gil aunque no hubiera una denuncia formal en su contra. Y quedara arruinado económicamente y señalado socialmente por lo que nunca tuvo más seriedad que lo que hubiera sido publicado en un pasquín de chismes. 





Creo en las relaciones de mutuo respeto entre las personas, hombres y mujeres, pero no en que alguien use y abuse de su condición de mujer para con plena impunidad insultar, amenazar, agredir sin que haya consecuencias. Así sea una mentada. Y si van a presentar como "argumento" la "misoginia" respondo que la verdadera igualdad es ser todos igualmente responsables por nuestros actos.


Estoy a disposición del Instituto de las Mujeres, la Conavim (Comisión Nacional para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres)  y cualquier grupo feminista, con o sin comillas, para que me ilustre el por qué no debo manifestar en el mismo tono y lenguaje que Híjar el enorme desprecio que le tengo y enorme asco que me provoca. 


De ninguna forma asevero, implico el que un hombre le miente la madre a una mujer sea correcto, algo de lo cual enorgullecerse, pero en este caso particular ni siquiera se trata de que yo sea un grosero o no. Quien me conoce sabe que procuro ser respetuoso con todo mundo sin pretender ser santo, falto de errores y fallas como lo hacen otros.


Pero algo que se aprende en redes sociales es que no siempre es posible el debate civilizado, que si pretendemos comportarnos muy propios quedamos en desventaja ante quienes como Híjar y pandilla usan todos sus trucos sucios.


Lo que hizo Cynthia Híjar fue absolutamente despreciable. Tanto que terminó borrando como cobarde ese tuit en el que se burla de Vega Gil y lo incita, junto con otras, a matarse. La paciencia ante el cinismo cobarde y criminal disfrazado de activismo en pro de derechos tiene un límite. Y mostrar cuán despreciable es, eso sí da orgullo.


Por eso escribí y mandé este largo correo en inglés enviado a las diferentes direcciones de correo con las que Twitter se pone en contacto con sus usuarios. Me disculpo con quienes sepan inglés por los muchos errores hacia el final del correo, pero conforme lo escribía me invadía más y más rabia ante los encubridores de Híjar. Difícil mantener la calma.





Pero para Twitter quien violó sus reglas fui yo. No Cynthia Híjar, quien participó en la incitación a Armando Vega Gil para que se matara.


 



ACTUALIZACIÓN de 11 de marzo 2021:


Recibí ayer, después de seis meses de silencio, este mensaje de Twitter que confirma la mala fe de esa gente, incluso ya hablaría de perversidad:







Hace ya más de seis meses de que falsamente Cynthia Híjar y secuaces me acusaron de abuso y acoso, dando a entender que yo habría deseado que ellas sufrieran un daño físico. Y han contado con la plena complicidad de Twitter.

Ahora Twitter cambia el cargo en mi contra a "conducta abusiva" sin precisar en qué habría consistido esta.

Y con pandemia y todo, desde hace meses podrían haber decidido pues si es tan evidente el abuso, que ni necesitan explicarlo en qué consiste, tampoco se necesitaba tanto tiempo para resolver. En realidad fue una manera de presionar y chantajear esperando que me "rindiera"y fuera yo mismo quien decidiera borrar los tuits. 

Simplemente no puedo hacerlo. Porque me rendiría al perverso encubrimiento de Twitter de la incitación a un suicidio.  

Nunca, en ningún momento he negado que le menté la madre a Híjar, despreciable y cobarde. Pero lo que evade Twitter México es que Híjar recibió esa mentada de mi parte por haber incitado a Armando Vega Gil a matarse. 

Siendo que Twitter tiene políticas muy claras contra la promoción del suicidio resulta que, muy caballerosos, no han tocado ni con el pétalo de una rosa a quien incitó uno. Le han dado absoluta impunidad. En cambio quien se atreva a manifestar  desprecio en su contra se le bloqueara la cuenta. Esto ya rebasa el abuso y se torna complicidad criminal.

Por ejemplo en uno de los tuits que se me presiona a que borre, como se habrá podido ver, exigí a Híjar que presente las pruebas para haber acusado de pederasta, y para que lo siga haciendo una vez muerto Vega Gil, quien ya no puede responderle. 

Si eso no es encubrimiento de quien incitó un suicidio sin prueba alguna más que una "denuncia", así, entre comillas, absolutamente anónima y cobarde, ¿qué es?

Considero este caso es ilustrativo de la debate que ha desatado la propuesta del senador de MORENA Ricardo Monreal Ávila para regular las redes sociales en México.

Entiendo perfectamente la desconfianza de los críticos y opositores al gobierno del presidente López Obrador, pero la actual situación no es sana ni de libre expresión. El amo es una empresa privada que conforme a sus intereses castiga a unos y a otros deja impunes. 


miércoles, 19 de agosto de 2009

El denunciante como maledicente, según Fernando Iwasaki

Por lo visto mis acusaciones contra Rosa Beltrán han calado muy hondo, a pesar de la cínicamente mentirosa “Aclaración” de ella, la censura impuesta por José Luis Martínez y el que, por lo visto, la mayoría de los lectores no haya entendido la parte racista del asunto.

De otra forma no se explica que otro colaborador del suplemento Laberinto, el escritor peruano Fernando Iwasaki, parezca referirse a mí sin nombrarme, en la colaboración de su columna del sábado 15 de agosto, titulada “Maledicentes”.

Difícil no darse por aludido si of all places Iwasaki publica su texto en Laberinto (colabora también en el diario español ABC y en otras partes), el mismo suplemento en el que, hace no tanto, se publicó mi carta sobre el racismo entre “los cultos”, específicamente Rosa Beltrán. La misma que, al no tener la opción de poder ningunearme (las acusaciones eran tan graves que su silencio sólo podría interpretarse como aceptación) escribió una mentirosa “aclaración” que no aclaraba nada. Mismo suplemento en el que su editor, José Luis Martínez, le dio la razón a ella y la última palabra al tiempo que impedía cualquier posibilidad de que yo pudiera responder a sus mentiras, exhibiéndola aún más. El mismo Martínez, quien terminó asumiendo por correo ante mí la censura descarada de una carta abierta en la que yo protestaba por su parcialidad como editor.

Si todo lo anterior es reducido a mera “maledicencia”, entonces Rosa Beltrán no es una racista mentirosa y José Luis Martínez no es un censurador, editor confeso de refritos y lacayo de Beltrán. E Iwasaki no tiene por qué sentir la mínima pena de elogiar a Beltrán o publicar con Martínez.

Tan difícil como el que yo no me dé por aludido es igualmente difícil para Rosa Beltrán el que ella no se dé por aludida. Porque lo que Iwasaki inicia como un aparente repaso por la historia de la maledicencia en el ámbito literario deriva en una curiosa arenga a practicar “la costumbre de elogiar”. Enlista a un grupo de escritores españoles a los que considera elogiables y, a continuación, “como la lista latinoamericana sería larguísima” se limita a México (quién sabe por qué este país y no Argentina o su natal Perú) y enlista a los escritores mexicanos elogiables, entre los que cuenta a…Rosa Beltrán.

A mí me parece, por parte de Iwasaki, una forma muchísimo más hábil y sutil de poder darle también un espaldarazo a Rosa Beltrán, sin caer en la torpeza de José Luis Martínez de evidenciar censura y hasta expresar afirmaciones involuntariamente denigrantes para sí mismo (“soy un editor que, a sabiendas, publica refritos”).

Iwasaki tiene la costumbre de elogiar. Hace poco, en el mismo suplemento Laberinto, lo que inició como una columna para poner en duda el valor de ser “escritor joven”, de considerar la juventud y precocidad de los escritores como un valor en sí mismo, acabó concluyendo en un elogio (merecido) al escritor argentino Andrés Neuman.

Pero en realidad Iwasaki se equivoca. No se trata de que “contra la maledicencia, el elogio”. Porque la crítica y la denuncia pueden acabar siendo consideradas como “maledicencia” por quien no entiende la diferencia entre elogiar y adular. O la diferencia entre las relaciones públicas y la crítica literaria positiva o negativa hacia la obra de quienes, como humanos, lo mismo pueden escribir maravillas, que obras buenas, malas o mediocres. Aquel que siempre invariablemente elogia terminará viendo siempre cómo sus elogios son cada vez menos apreciados por sus elogiados, que apreciarán su amistad pero no necesariamente su gusto.

Ya que Iwasaki implica que soy un “maledicente” tengo que informarle que, por ejemplo, elogié en la revista mexicana Replicante la obra de uno de los escritores españoles, Isaac Rosa, al que él considera elogiable; en específico su novela El vano ayer (2004). Antes de mí, que yo sepa, en México sólo se habían publicado acerca de esta novela de Rosa las críticas “maledicientes” de Christopher Domínguez y José Manuel Prieto, los cuales se ocuparon, más que los aspectos literarios de la novela, de especular acerca de la relación que guardaba Rosa con los regimenes cubano y venezolano, de quienes, según se podía desprender de lo que escribían aquellos, Isaac Rosa habría sido escritor favorito y consentido, a grado tal como para que, no importando que fuera en forma turbia, le regalaran el premio Rómulo Gallegos de 2005, en perjuicio de otros concursantes.

Más bien Iwasaki tendría que ser más cuidadoso en sus elogios, pues, por ejemplo, elogiar a Rosa Beltrán no es lo mismo que elogiar a Isaac Rosa. Este último no tiene en España, hasta donde estoy enterado, un cargo en la burocracia cultural que le permita difundir a otros escritores, a diferencia de Beltrán. Entre Rosa y Rosa Iwasaki puede terminar espinado de la lengua por soltar elogios a diestra y siniestra. Elogiar la obra de una funcionaria encargada de difundir la obra de otros escritores, con la capacidad de promover a unos y vetar a otros, como sin duda será su caso y el mío, respectivamente, siempre despertará la suspicacia.

Pero lo más importante es, creo, el hecho de que sea precisamente él, el colaborador de Laberinto que tiene un apellido “oriental”, quien le dé un nuevo espaldarazo a Rosa Beltrán. Eso “probaría” que José Luis Martínez tiene razón y que en el texto de Rosa Beltrán sobre los coreanos no hay “ningún atisbo de racismo”.

Quiero pensar que Fernando Iwasaki, al igual que muchos lectores, no entendió la parte racista de este asunto. Pensar de otra forma implicaría el tener una concepción muy negativa acerca de él, como alguien a quien, para establecer o mantener una amistad o relación conveniente que le sirva para seguir promocionando su obra en México (editor José Luis Martínez y funcionaria Rosa Beltrán), no le importa escupir contra sí mismo, contra la parte de sus genes que es “oriental”.

Iwasaki, quien es nieto de japonés (Wikipedia) y se declara en entrevista “medio japonés” no tiene, ciertamente, mucho aspecto “oriental”; y como lo da a entender en algún cuento suyo como “La sombra del guerrero” la herencia cultural japonesa en realidad le es ajena. Para él lo “oriental” es algo tan exótico como para la mayoría de occidentales, quienes no cuentan entre sus antepasados a un abuelo japonés.

Y como Iwasaki ha comido (creo que se trata de una exageración literaria, pero quién sabe) hamburguesas de gato (Por qué escribo relatos o para cuándo novela) seguramente no alcanza a percibir qué puede tener de racista el que Rosa Beltrán invente que los coreanos se roban gatos para comérselos y además invente a un amigo anónimo al que pueda atribuir tal declaración.

¿Para hacer esas hamburguesas Iwasaki se robó los gatos de los vecinos, se quejaron de él y terminó apareciendo en un periódico como el medio japonés robacomegatos? ¿O todo lo anterior sólo puede ser señalado, incluso inventado, cuando se trata de coreanos?

Por eso, en el próximo mensaje les explicaré y mostraré, a él y a todos quienes no hayan entendido la acusación de racismo contra Rosa Beltrán, que la misma tiene su base en la forma tan rara en que Beltrán escribe y “versiona” sus supuestas crónicas.

viernes, 7 de agosto de 2009

Carta censurada en Laberinto

Nuevamente, después de mucho tiempo, he vuelto a ser "honrado" con la censura. Sin duda es desagradable el ser censurado, pero tiene un aspecto positivo en el que no suelen pensar los que censuran: ser censurado es muy bueno para el ego de quien lo sufre. Parece masoquista, lo sé, pero no puede dejar de pensarse: "si me censuran he de ser considerado realmente provocador, crítico, peligroso..."

Como ya se sabe, se publicó el sábado 1 de agosto de 2009, en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario una carta mía denunciando la deshonestidad y racismo de la actual directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y columnista de Laberinto, Rosa Beltrán, quien, además, es considerada por sus panegiristas una de las mejores escritoras mexicanas. Opinión que no comparto ( ¿o será que ahora yo soy el prejuciado y estoy realmente convencido de que tendría que ser una escritora realmente extraordinaria, con valores literarios tan grandes como para que su racismo y demás defectos que la adornan pueda olvidarse, en lugar de que fuera la pasable y correcta redactora que, a lo mucho, en realidad es?).

Y como todo mundo pudo darse cuenta, de forma totalmente inusitada el director del suplemento, José Luis Martínez S., intervino para darle un espaldarazo público a Beltrán, minimizar mis argumentos y anunciarme públicamente que el espacio de Laberinto quedaba cerrado para mí, de ahora en adelante, con el obvio propósito de impedir cualquier posibilidad mía de responder en el espacio de Laberinto a las cínicas mentiras de Beltrán contenidas en su pretendida "Aclaración".

Es seguro que Martínez recibió fuertes presiones para actuar como lo hizo. Porque... ¿qué editor con un mínimo de dignidad y respeto propio puede reconocer públicamente que su suplemento recibe y publica refritos así sea de Nexos, reconociéndose como una simple sucursal de esa revista, de la que recibe agradecida los huesos ya roídos que se sirvan arrojarle?

Por eso ingresé este 3 de agosto una carta dirigida a José Luis Martínez protestando por su parcialidad y señalándole que estaba arriesgando su prestigio personal, el de sus demás colaboradores y todo el suplemento, sólo para apoyar a Beltrán. Durante buena parte de ese lunes 3 de agosto tuve un tenso intercambio de correos con Martínez, quien primeramente pretextó una supuesta falta de espacio para no publicar la carta.

Finalmente terminó reconociendo que se trataba de una censura descarada. Claro, si mis señalamientos contra Beltrán eran mentiras, exageraciones o simple difamación, ¿para que censurar la posibilidad de que yo la volviera a exhibir, ahora mostrando que ella fingía una falsa dignidad para no responder, por ejemplo, acerca del por qué se había inventado unas declaraciones falsas de un amigo también inventado, a fin de utilizarlas en contra de la comunidad coreana?

Pero en otra entrada abundaré más acerca de los aspectos racistas de este asunto. He comprobado que muchos no han terminado de entender qué tiene de racista lo que escribió Rosa Beltrán. Eso no es extraño en un país en el que a un delincuente se le puede nombrar en los medios como El Chino, omitiendo su nombre y recalcando su origen asiático, pero en el que llamar El Judío a otro criminal sería motivo de un verdadero escándalo.

También habrá que referirse al mito de que un posgrado (en la UNAM o Harvard, el ITAM, la Universidad de Florencia o la de Colima, etcétera) vacuna en contra del prejuicio y la deshonestidad. Lo menciono porque algunos parecen creer que una académica del posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras, doctorada en Literatura Comparada en la Universidad de California, no puede actuar como una sinvergüenza, aunque esto sea comprobable.

Lamento mucho el triste papel que terminó jugando José Luis Martínez en todo esto, pero él aceptó interpretar el papel de lacayo de Rosa Beltrán.






A 1 de agosto de 2009


José Luis Martínez S
Director de Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario.


Sr. José Luis Martínez S.:

Agradezco la publicación el día de hoy de mi carta acerca del bochornoso asunto de Rosa Beltrán, pero lamento que al mismo tiempo me anuncie el cierre de Laberinto hacia en contra de mi persona, a fin de impedirme responder a las nuevas mentiras de Beltrán contenidas en la pseudoaclaración que se publica de ella.

También lamento que abandone usted la imparcialidad que un editor debe mantener cuando se cuestiona a uno de sus colaboradores. Incluso intenta, sin mucha convicción ni fortuna, una débil defensa de lo indefendible, arriesgando su reputación personal y el prestigio del resto de sus colaboradores y, en general, del suplemento que dirige, a fin de darle un espaldarazo a la funcionaria Beltrán.

Aprendí que en Laberinto son bienvenidos los refritos (¿o sólo se lo permite a Rosa Beltrán?); que usted no considera racista el acusar falsamente de robar gatos para comérselos a una comunidad minoritaria, residente en México; que, a diferencia de Carlos Marín, el cual considera (Manual de periodismo, 2005) que “el cronista toma la realidad como punto de referencia para interpretar los fenómenos sociales”, para Beltrán y usted un cronista es alguien con licencia para presentar declaraciones y lecturas imaginarias como reales, haciéndolas aparecer entrecomilladas.

Y que Carlos Monsiváis, Juan Villoro (quien sé que es gran amigo de Beltrán, pero también hombre honesto, en lo que me consta hasta ahora), al igual que otros cronistas, deben dejar de ser perezosos y ponerse a escribir nuevas “versiones” de sus crónicas.

Finalmente le ofrezco una disculpa, creí que había sido engañado con un refrito, pero ahora veo que los únicos engañados han sido y serán los lectores.

A fin de dejar públicamente establecida mi posición respecto a la actitud que usted adopta, le solicito la publicación de la presente en el suplemento que dirige.

Atentamente.
(firma)
Tomoo Terada

(sello de recibido)

miércoles, 14 de mayo de 2008

Carta pública a Marco Levario, director de Etcétera

A doce de mayo de 2006 (por supuesto es 2008, pero cometí un error que reconozco)

Marco Levario Turcott

Director de Etcétera



Hace poco propuse a su revista una colaboración con el tema del escándalo que se dio a partir del señalamiento mediático post mortem como espía de la escritora Elena Garro, autora de Los recuerdos del porvenir y otras obras y primera esposa del Nobel Octavio Paz, hecha en el 2006 por el Pleno del IFAI.



De acuerdo con la información que he ido reuniendo, parte de la cual dejé en la recepción de la revista para que ustedes, los directivos, pudieran analizarla, se trató de un gravísimo error del Pleno del IFAI, revelador, entre más se ahonda en él, de la existencia de fallas en el diseño institucional del Instituto, que hacen que el Pleno de la institución promotora en México de una cultura de transparencia y rendición de cuentas, paradójicamente pueda actuar en forma opaca e impune, cuando busca ocultar o minimizar un error propio.



Al llamar para preguntar por su respuesta, se me informó textualmente que la misma era que "no nos interesa hablar con usted". La cual, en un principio me desconcertó pero inmediatamente después desató mi indignación, pues implicaba un rechazo personalizado, siendo irrelevante si mi propuesta era buena o mala, interesante o sin relieve. Se lo hice saber a su asistente Isabel Velázquez y le solicité que usted, a quien conocí hace años en la UNAM, aclarara esto.



He vuelto a llamar, y ahora Isabel Velázquez me dijo que todo fue un error, una confusión, y que lo que realmente quiso decir usted era que simplemente no le interesaba el tema para la revista. A pregunta expresa se me dijo que las puertas de la misma no estaban cerradas para mí y no había razones personalizadas en mi contra.



Bueno, si todo se trató de una lamentable confusión, es un alivio. Pero, por lo mismo, ya que usted no tiene problema en hablar conmigo, le solicito una cita para exponerle personalmente la importancia de lo que llamo el caso Garro, y el por qué tiene relación con los temas e incluso causas que enarbola Etcétera. Todas las siguientes afirmaciones son comprobables:



1.- El actual Comisionado Presidente del IFAI, Alonso Lujambio Irazábal, quien, como Comisionado Ponente de un recurso para acceder a la información que la DFS tenía de Octavio Paz y Elena Garro, en sesión pública del Pleno del IFAI hizo el señalamiento contra Garro, fue irresponsable al hacer esa afirmación sin tener sustento alguno. Lo afirmo de manera tajante porque consulté el expediente de ese recurso y no encontré análisis que soportara la afirmación de Lujambio. Las que él considero como pruebas, de las cuales se "desprendía" que Garro había sido espía, no son mas que un par de papeles sin sello ni membrete oficial, no firmados por la escritora, en los que supuestos agentes anónimos de la DFS supuestamente recogen delaciones suyas.



2.- Los diferentes medios que recogieron lo dicho por Lujambio nunca consultaron directamente esas "pruebas", sino que simplemente dieron por buena la afirmación del Comisionado. Se trató de un caso típico de "periodismo de declaraciones" —la "noticia" es la declaración del personaje público, generalmente funcionario gubernamental, y no el hecho investigado, comprobado, contrastado—, justamente ese tipo de "periodismo" que tanto ha contribuido a la, en general, baja calidad del periodismo mexicano. Peor aún: esos mismos medios que dieron a entender que sí habían consultado directamente la información nunca precisaron, por ejemplo, que los papeles a los que hacían referencia como "documentos oficiales" eran, en realidad, papeles anónimos.



3.- Tuve un debate público con Alfredo Herrera Patiño, el solicitante de los expedientes de Paz y Garro, en el desaparecido blog suyo La Obscura Transparencia. Herrera Patiño había digitalizado lo que el Archivo General de la Nación le entregó, después de la resolución de Lujambio, poniéndolo a disposición de quienes quisieran descargarlo, en el blog señalado.



Al hacerle notar, en un momento dado, que él había reconocido públicamente que los papeles de Garro eran atípicos, Herrera Patiño terminó unilateralmente el debate que sosteníamos. Poco después, sin explicación alguna, despareció el blog mencionado y así también la posibilidad de que el público interesado descargara las "pruebas" contra Garro, para que, revisándolas, libremente pudiera llegar a sus propias conclusiones.



Por eso he acusado públicamente a Herrera Patiño de deshonesto, pues una vez que esos papeles, después de la revisión y análisis que hice de ellos, pasaron a demostrar no supuestas actividades como espía de Elena Garro sino un acoso de la DFS contra ella, por lo visto eso ya no le pareció a él. Cuando resultó que a los papeles que le entregaron se les podía dar una lectura diferente a la que se difundió como confirmación de la perversidad de Garro, Herrera simplemente los borró.



4.- Porque me alargaría mucho si cuento todos los detalles, me limito a señalar que, a lo largo de varios recursos y escritos, el Pleno del IFAI y, en lo individual, los comisionados Alonso Lujambio y Alonso Gómez Robledo, se han negado a explicar cómo y por qué concluyeron que Garro era espía.



5.- Solicité al IFAI la versión estenográfica de la sesión del 12 de julio de 2006, en la cual se votó la ponencia de Alonso Lujambio referente a los recursos 0412/06 (Garro) y 0413/06 (Paz), acumulados. Esto, a fin de que el público interesado y yo pudiéramos conocer, en forma completa y exacta, los términos del debate del cual salió el señalamiento contra Garro. El IFAI respondió que no contaba con servicios de estenografía y las sesiones sólo se graban en audio.



Se me proporcionó una trascripción parcial de ese audio, limitada, por no se sabe qué razón, a las participaciones de Alonso Lujambio. Presenté entonces el recurso 3898/07, para obtener la trascripción de la sesión completa. La secretaria técnica del Pleno del IFAI, quien proporcionó esa trascripción parcial, solicitó, como sujeto obligado, que el Comité de Información del IFAI declarara la inexistencia de la información.



El problema es que la secretaria técnica del Pleno del IFAI es miembro del Comité de Información. Así, la propuesta de inexistencia de la información solicitada, que presentó como sujeto obligado, fue votada positivamente por ella misma como miembro de tal Comité de Información. Para colmo, con posterioridad, se le notificó, mediante oficio, de lo que se había decidido en esa sesión, en la cual firmó de presente y en la cual votó a favor de su propuesta. Me he referido a esto como surrealismo burocrático.



Una vez hechos estos señalamientos, que no agotan todas las irregularidades que se han presentado, quiero enterarle de que tengo amistades que conocieron a Elena Garro, y conservan de ella una mala opinión y un pésimo recuerdo. Pero incluso estas amistades han reconocido lo endeble de las "pruebas" que sirvieron para condenarla públicamente como espía, cuando se las he mostrado.



No se trata, como me dijo el Comisionado del IFAI, Juan Pablo Guerrero Amparán —quien conoció a Garro—, de que yo haya "personalizado" este asunto. Más bien, —y se lo reviro públicamente a Guerrero Amparán— (quien, por cierto, como Comisionado dice una cosa y hace otra), son los comisionados miembros del Pleno del IFAI los que han personalizado esto al no querer reconocer el error que cometieron. El día de mañana a cualquiera puede pasarle lo que a Garro: ser señalado públicamente post mortem, ya sin posibilidad de defensa, de cometer actos reprobables, todo eso basándose en papeles anónimos.



Y quiero dejar bien claro, a fin de que no se me malinterprete, que considero la labor del IFAI fundamental para que México tenga una "democracia de calidad", en los términos que plantea el politólogo Leonardo Morlino. Reconozco logros del Instituto y me parece condenable la amenaza de los hermanos Bribiesca contra los comisionados, por haber acordado que se entregue una versión pública de la investigación contra ellos. Pero el sólo cantar las loas del IFAI y no ver sus fallas me parece que es caer en la parcialidad acrítica. Mis señalamientos en todo momento lo han sido de fallas comprobables en el desempeño del Instituto, y mostrarlas, considero, no implica dañar a la institución sino, por el contrario, propugnar por su mejoramiento.



Así que le pregunto a usted, Marco Levario, si un caso que revela irresponsabilidad por lo menos moral del actual Comisionado Presidente del IFAI, al hacer un señalamiento público infundado, que provocó un linchamiento mediático; la práctica de un "periodismo de declaraciones" por parte de algunos medios, difamando a una persona ya fallecida; la evidencia de fallas comprobables en el proceso de análisis de los asuntos sometidos al Pleno del IFAI y en la rendición de cuentas por parte de ese organo colegiado; el desdoblamiento de una misma funcionaria del IFAI a fin de votar a favor de sí misma una propuesta suya de inexistencia de información…un caso así ¿no tiene interés alguno ni relación con los temas que trata su revista?



Por eso le solicito cita, a fin de exponerle personalmente el asunto. No tiene, por supuesto, obligación alguna de recibirme, pero parto de que, como me dijo Isabel Velázquez, el recado anterior de "no nos interesa hablar con usted" habría sido sólo una lamentable confusión.



Le anuncio que haré público este mensaje de mí hacia usted, a algunos miembros representativos de la comunidad dedicada a los temas de transparencia, rendición de cuentas y análisis de los medios, de los cuales a algunos los conozco, así como al público en general, pues los asuntos expuestos son de evidente interés público, y hay el lamentable antecedente ya mencionado.



Atentamente.



Tomoo Terada












John M. Ackerman

Miguel Carbonell

Lorenzo Córdova Vianello

Jonathan Fox

José Antonio Caballero

Miguel Ángel Granados Chapa

Sergio López Ayllón

Ernesto López Portillo

Mauricio Merino

Miguel Pulido Jiménez

Jesús Rodríguez Zepeda

Irma Eréndira Sandoval

Andreas Schedler

Raúl Trejo Delarbre

Ernesto Villanueva