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martes, 27 de octubre de 2009

Escaramuza acerca de Rosa Beltrán, con José Antonio Aguilar Rivera








NOTA: Esta entrada esta sujeta a cambios y ampliaciones, a fin de expresar de la mejor manera posible lo que se quiere comunicar. La fecha hace referencia a que desde esa fecha guardé el borrador original de la entrada.


El académico José Antonio Aguilar Rivera es un destacado profesor-investigador adscrito a la División de Estudios Políticos del CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas), uno de esos análistas que en tiempos recientes han pasado a sustituir o desplazar a los intelectuales entendidos en un sentido clásico, es decir, aquellos "clérigos" que opinaban sobre asuntos públicos sin ser expertos en ciencias políticas, sin haber realizado una carrera académica en ese sentido.

El CIDE ha sido uno de los principales semilleros de estos nuevos guías de la opinión pública, quienes ocupan como tribuna los espacios mediáticos. La lista es impresionante: Denise Maerker, José Antonio Crespo, María Amparo Casar, Ricardo Raphael, Jorge Chabat, Ana Laura Magaloni...





Entre ellos Aguilar Rivera, quien públicamente se asume como un liberal y no ha tenido tanta exposición mediática como los otros ya mencionados, ha abordado temas tan diversos como las identidades mexicanas, la relación entre los intelectuales mexicanos y norteamericanos, el multiculturalismo en Mexico, e incluso intentó, con un resultado bastante fallido, la escritura novelística (La fiesta de las turcas). Es un polemista feroz, como lo demostró con la polémica acerca del multiculturalismo que entabló con Luis Villoro.



Pero no mostró esa fuerza polémica conmigo, en este intercambio de correos electrónicos que trascribo y que no puedo llamar discusión y mucho menos polémica, sino apenas una escaramuza, teniendo como tema a su colega en Nexos, Rosa Beltrán. Por supuesto, un intercambio de correos electrónicos no es el mejor espacio para desarrollar una polémica pública, por lo que estoy buscando un espacio para responder, de manera formal, a las afirmaciones que implícitamente arroja Aguilar Rivera, en el sentido de que hay grupos discriminados de primera y grupos discriminados de segunda, y que de ahí se puede partir para considerar que hay un racismo de primera y un racismo de segunda.

En el primer caso, ejemplificando el racismo de primera, estaría el ataque dirigido en contra de Santiago Levy, entonces director del Seguro Social,IMSS, con pintas y consignas, por ser judío. Tan es así que José Antonio Aguilar Rivera publicó en el diario El Universal un artículo crítico al respecto.

En el segundo caso, el racismo de segunda (o ni siquiera eso, pues ahí el racismo no es "flargante"), se encontrarían los textos de Rosa Beltrán. Mentir, de forma comprobable, acerca de "los orientales", acusándolos de delitos falsos, no es algo serio.

Doy a conocer públicamente este intercambio de correos que sostuvimos Aguilar Rivera y yo. La primera parte, que incluye la aclaración sobre Pedro Salazar, la he estado reenviando a varios integrantes del medio literario y académico, iniciando por los integrantes de Nexos. Al respecto hay que recordar que tanto José Antonio Aguilar Rivera como Rosa Beltrán son integrantes del Comité editorial de la revista Nexos.

Y que Nexos, junto con la revista Letras Libres, dirigida por Enrique Krauze, es una de las dos poderosas e influyentes publicaciones político-culturales que en México "consagran" a los escritores y analistas políticos ante las élites.

Como el propio Aguilar Rivera no opuso objeción a que hiciera circular mi correo original a él, es obvio que tampoco objetará que dé a conocer estos correos posteriores que él mismo pensó claramente dirigidos al público, tan así que engoló la voz, se dirigió a mí de usted, y citó fragmentos de los textos que ha escrito o va a publicar.

Destacadas personalidades como el historiador John Womack, Jr., o el escritor Fernando Iwasaki, pueden dar testimonio de que respeto la privacidad de las comunicaciones que he sostenido con ellos. Pero son eso: comunicaciones privadas. No meros rodeos para buscar justificar, a toda costa, a la colega deshonesta y corrupta pero poderosa e influyente.

Y aclaro públicamente que José Antonio Aguilar Rivera ya ha sido enterado de la publicación de esta entrada en este blog.

Los correos se presentan tal cual fueron redactados. La única "manipulación" que me permití, fue en el último correo de José Antonio Aguilar, al separar la última parte, en la que afirma implícitamente que mentir acerca de "los orientales" es un asunto menor, que una crónica mentirosa de principio a fin, a lo mucho sólo puede ser calificada de "más o menos afortunada", y que nada hay de "flargante" racismo en inventar a una fuente anónima falsa para atribuirle a ésta el haber lanzado un señalamiento contra los "orientales" delincuentes. Parecería que José Antonio Aguilar Rivera buscaba que tales afirmaciones implícitas suyas se perdieran en el texto del correo que me envió.

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José Antonio:



Después de que te envié el correo noté varios errores que se me deslizaron ahí. Como el de confundir el libro en el que Huntington arremete contra la inmigración de mexicanos, que no es el del choque de las civilizaciones. Por eso te lo vuelvo a enviar, ya corregido, y, aprovechando, amplío y agrego algunas partes.



También para recordarte y que me tengas presente, pues quiero conocer la posición tuya y de otros quienes conforman Nexos, acerca de la conducta de la deshonesta manzana podrida que tienen ahí dentro (digo: parto de que no sólo engañó a los lectores sino a los integrantes del equipo editorial de la revista, quienes no publican, a sabiendas, textos racistas y factualmente falsos).



La misma tarde que te envié el correo me encontré con Pedro Salazar, consejero-colaborador de Nexos, quien participaba en una conferencia a la que me había invitado un ex maestro mío, el doctor López Monroy. Le comenté brevemente del asunto, pues él, junto con Miguel Carbonell y otros, se ha dedicado a investigar el tema de la discriminación. Quedamos en que le reenviaba mi correo a ti. Como el correo no trata de asuntos privados y, por el contrario, se ocupa de un asunto de discusión pública, supongo que no tendrás objeción que se lo reenvíe a Pedro y a otros, que lo dé a conocer al máximo número de gente posible.



Tomoo





A quince de octubre de 2009



José Antonio Aguilar Rivera

Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE)



José Antonio:



Te envío, tal como quedamos anoche, después de la conferencia con el tema de si hay o no algo que celebrar con el Bicentenario que diste en el Teatro El Milagro, junto con Josefina MacGregor y Flavio González Mello, la información referente a lo que llamo “el caso Beltrán”, referente a. Rosa Beltrán, actual directora de Literatura de la UNAM e integrante colega tuya del Comité editorial de Nexos. Un caso de racismo y deshonestidad intelectual y escritural que en otro país, con una comunidad intelectual más autocrítica, sería un verdadero escándalo.



Vuelvo a repasar el asunto en beneficio tuyo, para que te quede más claro por si todavía no lo está.



1. Rosa Beltrán publica en Nexos, en enero de 2006, lo que en el mismo texto ella define como una crónica, es decir, un escrito de no ficción, al cual pone por título “Fiebre amarilla”. Es la narración de una visita que realiza a la que llama “la Pequeña Corea ”, ese sector de la llamada Zona Rosa de la colonia Juárez, en el que hay unos cuantos comercios y restaurantes coreanos.



2. Como ya te lo recordé, después de la Segunda Guerra Mundial cualquier ideología de superioridad racial ha quedado desacreditada a nivel público. Sin embargo, eso no quiere decir que el racismo como discurso ideológico haya desaparecido sino que terminó adoptando nuevas formas. Por ejemplo, de los migrantes mexicanos ilegales en Estados Unidos ninguno o casi ninguno de los políticos antiinmigrantes afirma públicamente que deba de rechazárseles porque sean de raza inferior. Lo que afirman es que se trata de gente sucia, incapaz de asimilarse a la sociedad estadounidense, dedicados perversamente y sin escrúpulos al crimen y a quitarle el trabajo a los naturales del país. Se fomenta el rechazo en su contra criminalizándolos como gente de malas costumbres, dedicados a socavar “el modo de vida americano”.




¿Cuántos “latinos” aparecen en la televisión y el cine estadounidenses como narcos y pandilleros? Y te recuerdo que muchos académicos mexicanos, aparentemente nada proclives al nacionalismo, se indignaron cuando Samuel Huntington publicó su libro ¿quiénes somos?, por la visión absolutamente negativa que exponía acerca de la migración mexicana, dañina en su concepto para la identidad cultural de Estados Unidos.



3. Se me pasó, por las prisas, recordarte que en las décadas de los 20 y 30 del siglo XX mexicano hubo una persecución y genocidio de la comunidad china en México (incluso fueron asesinados algunos japoneses, pues como “orientales” que eran, para los grupos racistas mexicanos dedicados a matar y robar a los chinos se veían exactamente igual al objeto de su odio). Es llamativo por no decir escandaloso que en el repaso histórico al que invita el Bicentenario se esté omitiendo esa página negra de la historia mexicana.



4. Pues bien, Rosa Beltrán se dedica, en su “crónica” publicada en Nexos, a mostrar lo dañinos que son los coreanos para México, como gente inclinada al robo, capaces de llegar al extremo de robarse las mascotas, los gatos domésticos de los mexicanos, a fin de comérselos. Persistiendo esta minoría en costumbres que en México son consideradas repugnantes, confirmando así cuán inasimilables y extraños a la “identidad” mexicana —sea cual sea— son los “orientales”.

Y no estoy afirmando que no haya coreanos delincuentes, pero eso es algo distinto a criminalizar a todo un grupo, como hace Beltrán con base en mentiras comprobables.

Todo este ataque racista lo realiza tu colega Beltrán teniendo como base las afirmaciones de fuentes anónimas que ella misma se ha inventado. Para que, de tal forma, ella, “respetable” académica y escritora, en ningún momento aparezca como racista, sino simplemente dándole voz a los prejuicios e información proporcionada por otros.

Por ejemplo, una historia acerca de coreanos de la Zona Rosa que se roban los gatos domésticos de sus vecinos mexicanos de la colonia Roma, a fin de comérselos, según Beltrán se la cuenta a ella un amigo suyo al que no identifica, mientras ambos están en un restaurante coreano. Esta no es la única información falsa que maneja Beltrán, pero es la más grave pues comprobablemente se inventó esa historia y una fuente a la cual atribuírsela, para evitar tomar responsabilidad de la mentira que ella misma había inventado.


5. Entonces, transcurridos tres años y medio, el 4 de julio de 2009, Rosa Beltrán vuelve a publicar el mismo texto, acortado y con un título diferente, “Extranjeros en su casa”, en el suplemento cultural sabatino Laberinto del periódico Milenio Diario (como bien sabes, tanto en el periódico como en el suplemento publican destacados miembros de Nexos como los Héctores, Aguilar Camín y de Mauleón —director y subdirector—, Luis Miguel Aguilar y la ya mencionada Rosa Beltrán).


Yo leí ese texto (no conocía el que originalmente se publicó), me pareció extraño en su redacción y discutible en su contenido. Después de una ardua investigación fue que hallé que se trataba de un refrito de lo publicado en Nexos. Pero lo realmente grave que encontré, comparando ambos escritos, es que los cambios aplicados tres años y medio después al texto original implicaban que la supuesta crónica publicada por Rosa Beltrán en Nexos en 2006 no había sido más que una serie de mentiras deliberadamente inventadas por ella para atacar solapadamente a los coreanos.

Por ejemplo, como ya te lo comenté, el amigo anónimo que en el texto publicado en Nexos en 2006 supuestamente le cuenta a Beltrán, estando ambos en un restaurante coreano, la historia de los coreanos robacomegatos, la cual a su vez leyó en un periódico al que no identifica, tres años y medio después desparece totalmente en lo publicado en Laberinto ahora en 2009. Resulta que, pasado el tiempo, Rosa Beltrán afirma ahora que la historia que primero afirmó que le había contado su amigo anónimo, ahora resulta que la “leyó alguna vez” en alguna parte que no identifica.


Explícame tú, José Antonio, colega suyo en Nexos, ¿cómo puede Beltrán afirmar, como hecho verídico, el haber acudido a un lugar acompañada de un amigo, y tres años y medio después contar ahora que acudió a ese lugar sola, siendo que se trata de la misma visita al mismo lugar? También aclárame si para el Comité editorial del cual ambos forman parte la atribución de declaraciones y la identificación de fuentes es algo irrelevante. Lo digo porque en 2006, en Nexos, Beltrán atribuye la historia de los coreanos robacomegatos a un amigo suyo al que no identifica, pero cuya supuesta declaración entrecomilla. En 2009, en Laberinto, ella atribuye esa misma declaración entrecomillada a una lectura suya, que, para no variar, tampoco identifica.


De hecho, ya comprobé que la historia es completamente falsa, pues presenté una solicitud de información a la Delegación Cuauhtémoc, autoridad ante la cual, supuestamente habrían protestado los vecinos de la colonia Roma en contra de los coreanos, por el robo de sus gatos, según el cuento que se inventó Rosa Beltrán.


6. Envié una carta al suplemento Laberinto, señalando estos hechos. Por error solicité el mismo espacio (número de caracteres) que había tenido Beltrán para su columna. Después pude comprobar que muchos lectores no entendieron el aspecto racista de lo publicado por Beltrán porque el espacio con que se contó no fue suficiente para una explicación detallada. Y es que, para desenmascarar algo tan retorcido como lo que ella hizo, es necesaria esa explicación detallada.


Beltrán publicó una deshonesta “aclaración” que nada aclaraba, llena de mentiras (por ejemplo afirmaba que yo había obviado poner comillas a declaraciones ajenas, las cuales le atribuía a ella, algo que cualquiera que no tuviera problemas visuales podía comprobar que ella mentía), supuesta aclaración en la que cínicamente evadió responder mis cuestionamientos. Al final, como algo absolutamente inusitado y escandaloso, el editor del suplemento tomó partido por ella, dándole un espaldarazo público, al tiempo que descalificaba mis señalamientos sin contrargumento alguno, y terminaba anunciando públicamente que el espacio del suplemento se cerraba para mí de ahí en adelante.

7. Racismo, deshonestidad intelectual y escritural, fraude periodístico, censura… ¿aún no percibes que este asunto tenga verdadera importancia, tal como me dijiste?

Porque lo que sostengo es que toda esta invención de Beltrán es debida a un profundo odio y prejuicio que ella tiene en contra de los “orientales”, el cual abarca no sólo coreanos sino también a chinos y japoneses. Esto se confirma con la lectura de otros dos textos suyos, uno de ellos también publicado por Nexos. Es una heredera intelectual —por llamarla de algún modo— de los genocidas de chinos de principios del siglo pasado, pero debido a la corrección política del discurso público que enarbola la UNAM y, en general, el ámbito académico mexicano, en donde ha hecho carrera, es alguien que no se atreve a declarar y asumir abiertamente su racismo antiasiático.



Porque aquí no se trata sólo de que Rosa Beltrán sea racista, pues seguramente tú, como público propugnador de una democracia liberal para México, defenderías el derecho de ella a exponer sus puntos de vista acerca de la perversidad de los “orientales”, dedicados en México al crimen y al contrabando según ella, aunque en lo personal no los compartas.


Se trata de que Rosa Beltrán haya inventado, movida por su odio, entre otras mentiras, la comprobable falsa historia de que los coreanos de la Zona Rosa se robaban gatos domésticos de sus vecinos mexicanos de la colonia Roma, tan es así que éstos habrían protestado ante la Delegación. La evidencia de esta mentira deja en claro que no es la única en todo el texto, plagado de ellas. Que cuando Beltrán dizque transcribe la siguiente declaración anónima, refiriéndose a los coreanos de la Zona Rosa: “Matones a sueldo, amos del negocio de mercancía ilegal, mafias cuyo punto de reunión es el Pabellón Coreano donde planean o celebran sus golpes”, se trata de otra mentira, inventada por ella y atribuida a una fuente anónima que también se ha inventado.


Pero esta invención le permite, a continuación, decir que la declaración anterior es sólo prejuicio, desmarcándose de ella. Puede así, lanzar un ataque racista y al mismo tiempo aparecer como desprejuiciada y respetable académica-escritora sin asomo de racismo.



Tampoco se trata, como cínicamente miente la funcionaria Beltrán, de la simple manifestación de su “asombro” ante las extrañas costumbres de una cultura diferente. Algunos coreanos consumen carne de perro y de gato; otros coreanos lo consideran repugnante y hasta luchan en contra de esta costumbre de compatriotas suyos (http://www.animalpeoplenews.org/FR/SP/Traduc.1/Dog-and-catKoreaSP.html). Pero en su libelo racista, Beltrán inventa que la costumbre de algunos coreanos en Corea (considerada repugnante en México a pesar del xoloitzcuintle y la supuesta venta de carne de perro en las taquerías callejeras ) sería practicada por los coreanos residentes en México, a quienes no les importaría dañar a la comunidad en la que se han insertado y que los rodea, robándose sus mascotas (porque no se podría hablar de robo si se tratara de gatos callejeros) para comérselas.


Como puedes ver en la referencia que pongo, las historias de “orientales” residentes en países occidentales consumiendo gatos y perros, o, peor aún, robándoselos a sus vecinos occidentales para comérselos, han aparecido con frecuencia en los medios, pero ninguna de esas historias ha sido confirmada. Tengo entendido que hubo una leyenda urbana, en la década de los setentas, acerca de los vietnamitas que llegaron a Estados Unidos después del fin de la guerra de Vietnam, dedicados justamente a robarse los gatos de sus vecinos blancos, para comérselos.



Por lo que la historia falsa que se inventó Beltrán no es una historia inocente. La inventó con el deliberado propósito de fomentar el odio y el recelo hacia una raza, ella que dice no creer en ese concepto.



Vuelvo a ejemplificarte volteando la situación, a fin de que percibas claramente el racismo que dices no captar plenamente de esta situación. Supongamos que un escritor estadounidense, el cual detesta a los mexicanos, publicara que un amigo suyo, al que no identifica, le contó haber leído en un diario tampoco identificado, que la comunidad mexicana residente en Los Ángeles se roba los perros domésticos de sus vecinos anglos para comérselos, esto, a fin de seguir, los mexicanos, primitivos y bárbaros, la tradición prehispánica de los aztecas, que comían xoloitzcuintle. Si tal información se conociera en México sería un escándalo, y te aseguro que habría manifestaciones frente a la Embajada de Estados Unidos y la solicitud por parte de la Cancillería mexicana de una disculpa pública. No me negaras que en México hasta el anuncio de una hamburguesa puede ser motivo de indignación para autonombrados patriotas.


Y si se comprobara que el escritor inventó al amigo anónimo y al periódico no identificado, para poder atribuirles una mentira en contra de los mexicanos que el escritor mismo no se atreve a afirmar por sí mismo, evitando asumir la responsabilidad y, por tanto, las consecuencias de ese racismo, no dudo que Nexos publicaría, en ese hipotético caso, un escrito satírico tuyo, de Rafael Pérez Gay o algún otro colaborador, ¡hasta Rosa Beltrán!, burlándose y poniendo en duda la salud mental de tan cobarde escritor.


Entonces, te pregunto, José Antonio, ¿por qué ese doble rasero o esa hipócrita doble moral? ¿Por qué lo que comprobablemente ha hecho Rosa Beltrán, si lo hiciera un gringo sería, ahí sí, racismo, deshonestidad, cobardía?

¿O me das a entender algo peor? ¿Que en la comunidad académica mexicana la moral es un árbol que da moras? ¿Qué mientras no haya una protesta masiva por parte de “los amarillos” como la organizaron los negros —perdón: afroamericanos, porque a las “razas inferiores” sólo hay que respetarlas si pueden influir en el gobierno de Estados Unidos — con el asunto de Memín, no importa que la señora Beltrán mienta e invente impunemente lo que quiera?

Perdona, pero ya que Rosa Beltrán publicó el original de su libelo antiasiático en Nexos y ahora forma parte de su Comité editorial, la deshonestidad y mitomanía racista comprobable de ella se les podría atribuir, por simple conexión, a otros colaboradores de la revista. ¿No fue descalificado Aguilar Camín por sus escritos sobre Acteal? ¿No tú mismo eres visto como antiindigena por algunos debido a tus polémicas con Luis Villoro?


¿Ves cómo lo que visto superficialmente parece una tontería en realidad tiene implicaciones muy serias?



Te envío lo siguiente:

A) Los textos publicados por Beltrán en 2006 y 2009, subrayadas las partes importantes.

B) El enlace a la polémica abortada por la censura en Laberinto: (http://impreso.milenio.com/node/8617573).

C) La denuncia, en mi blog, de la censura de una carta mía dirigida a ese suplemento: (http://teradatomoo.blogspot.com/2009/08/carta-censurada-en-laberinto.html).

D) El enlace a la página de un grupo protector de los animales, con una nota sobre el consumo de carne de perro por parte de los coreanos. Lee los mensajes que han dejado algunos, la forma en que manifiestan su odio antiasiático, que en realidad poco tiene que ver con las diferencias culturales en cuanto a costumbres culinarias: (http://www.conciencia-animal.cl/paginas/temas/temas.php?d=732), Por si pudieras considerar que la historia inventada por Rosa Beltrán es divertida.

E) Las imágenes escaneadas de dos oficios de funcionarios de la Delegación Cuauhtémoc (a la que pertenece la colonia Roma), dejando oficialmente claro que no hay registro de la protesta anticoreana que se menciona en las dos “versiones” del texto de Rosa Beltrán.


Por último, al final de este mensaje podrás ver que el mismo fue escrito arriba del reenvío que te hago de un correo intimidatorio que me llegó a mi otro correo, de Gmail, el cual tuve que reenviarme a esta otra cuenta, la de Yahoo, pues es de la cual te he escrito antes.


Como puedes ver, este anónimo tiene imágenes de asiáticos a los que se les agregaron mensajes insultantes en contra mía. Esta basura me llegó recientemente como dizque crítica a la “mamonería” de una entrada en mi blog: (http://teradatomoo.blogspot.com/2009/10/conflicto-de-interes-fernando-iwasaki.html).

Lo considero un anónimo, pues no conozco a alguien que se llame como pretende llamarse quien o quienes me envían el correo, y el tiempo que se tomó la persona o personas que se ocultan tras el pseudónimo para modificar las imágenes de asiáticos, agregándoles los insultos, revela algo deliberado, no el simple y espontáneo desacuerdo con un texto “mamón” que casualmente se lee en internet.

Como alguien que procura ser serio en sus afirmaciones, no tengo elementos para sostener que este mensaje lo haya enviado Rosa Beltrán o algún achichicle suyo, pero tampoco lo puedo descartar. El caso es que el correo revela la misma cobardía solapada que distingue a esa señora. Por cierto, ¿crees que si yo fuera rubio y de ojos azules me habrían enviado un correo intimidatorio con fotos de rubios de ojos azules? Obvio que el remitente tiene un fuerte complejo de inferioridad tras su agresividad, pero supone equivocadamente, por su racismo, que yo también me he de sentir igualmente inferior. Por si todavía no crees que persiste en algunos, en la actualidad, el sentimiento antiasiático…

A lo mejor le reenvío después (sin los archivos) este mensaje a Don Nadie (¿Beltrán?). Me encanta hacer rabiar a las y los cobardes.

Saludos cordiales,

Tomoo Terada

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De:: joseantonio.aguilar@cide.edu
Asunto: Re: Fwd: comentario sobre el blog (corregido)
A: "Tomoo Terada"
Fecha: martes 20 de octubre de 2009, 19:37


Estimado Tomoo: gracias por su correo. Sobre mi propia posición respecto a los temas que trata, puede consultarla tanto en mi libro, El sonido y la furia, donde discuto críticamente el tratamiento a los chinos durante y después de la Revolución, así como en mi capítulo de la reciente obra colectiva, Arma la historia, editada por Enrique Florescano. En ambos textos condeno categóricamente lo que me parece un hecho vergonzoso de nuestra historia. Sin más, reciba un saludo,



José Antonio Aguilar





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Apreciable José Antonio:

Gracias por su respuesta, aunque me extraña que pase bruscamente del tuteo que establecimos hace tres años a un trato ahora muy formal. Entiendo que es un reconocimiento de la gravedad del asunto que le he comentado en mi largo
mensaje.

Sí, conocía lo que escribió en su libro El sonido y la furia. Sin embargo lamento tener que hacerle notar que no queda clara su posición acerca del racismo, pues el genocidio de los chinos ya es un asunto histórico, cuya condena es loable pero en realidad a nada lo compromete a usted. Lo que le estoy preguntando es acerca de su posición respecto al racismo el día de hoy, siendo que, como se lo he demostrado (usted no me hace observación alguna en contrario), lo tiene a su lado y formando parte de la revista en la que usted ocupa una posición destacada, revista que proclama como suyas las mejores causas democráticas: "una publicación que pensara y acompañara la vida pública; que hiciera la crítica social y política de México".

Por eso, discúlpeme por insistir, pero le pregunto muy directamente su posición acerca de la deshonestidad intelectual, escritural y periodística de su actual colega en el Comité editorial de Nexos, Rosa Beltrán, quien utilizó a la revista para engañar a los lectores, difundir solapadamente su ideología racista y burlarse de cualquier concepto de ética en el trabajo del escritor, el intelectual o el académico.

Quedo de usted, esperando no quedar decepcionado en cuanto al alto concepto en que lo he tenido a usted hasta ahora, esté o no de acuerdo con todas sus ideas, en cuanto a conceptuarlo como alguien con un alto sentido de la honestidad intelectual.

Cordialmente,

Tomoo Terada


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De:: joseantonio.aguilar@cide.edu
Asunto: Re: Fwd: comentario sobre el blog (corregido)
A: "Tomoo Terada"
Fecha: miércoles 21 de octubre de 2009, 19:27

Estimado Tomoo: sobre mi posición respecto al racismo actual en México escribí lo siguiente: "El nacionalismo revolucionario construyó un estado corporativista y autoritario. Vinculó a la nacionalidad con una raza y una cultura: la mestiza. El efecto unificador tuvo un alto precio: engendró en la sociedad mexicana un racismo soterrado y vergonzante. Y, a pesar de los esfuerzos de incontables integracionistas, dejó a importantes segmentos de la población, como los indígenas, los judíos, etc., en un limbo simbólico. La superioridad de lo ?blanco? nunca desapareció; simplemente se domesticó y embozó. En México siempre fue claro que algunos eran más mestizos que otros. La mala conciencia es una hija bastarda del mestizaje racial. Este simboliza la incapacidad para ir más allá de las fronteras étnicas para trascender el pecado de origen de la nación mexicana."

Leí los textos de Rosa Beltrán que hizo el favor de enviarme. Le reitero lo que le comenté personalmente: me parece un asunto menor. La crónica podrá ser más o menos afortunada, pero en mi juicio no constituye evidencia de flargante racismo. Le mando un saludo.


José Antonio Aguilar


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Apreciable José Antonio:

Le hago notar que usted hace señalamientos generales, políticamente correctos, pero que siguen sin comprometerlo -y mucho menos arriesgarlo- en forma alguna. Por otra parte, del fragmento que amablemente me envía noto que usted no percibe que, así como Orwell escribía que entre iguales había unos más iguales que otros, en el "limbo" que usted menciona hay unos que están más dentro de ese "limbo" que otros. ¿Se imagina posible que en los encabezados de los periódicos y en la televisión alguien se refiriera a un criminal como "El Judío", obviando su nombre, como sí lo hicieron con "El Chino" Zhenli Ye Gon?





Tengo la impresión de que su propia enumeración es reveladora: indígenas, judíos...y el etcétera en el que gente como yo estaría. Por cierto, no sé si sabía que Rosa Beltrán es descendiente de judíos, pues su abuelo lo era. Tengo la impresión, continúo, de que si la crónica la hubiera escrito y publicado yo, pero referente a una hipotética visita mía a las colonias Polanco y Anzures, dedicándome al equivalente de lo que Beltrán hizo con los coreanos, es decir, inventar que en ese lugar los judíos se dedican a planear sus futuros crímenes contra los mexicanos, cual protocolos de los sabios de Sión, usted ya estaría exhibiéndome o hasta firmando un desplegado público, junto con otros, condenándome por mentiroso y antisemita.

Lo digo porque usted habla de una crónica "más o menos afortunada" cuando que lo que le he mostrado es que la misma es falsa de principio a fin. Usted afirma implícitamente que es un asunto menor mentir acerca de algunos de los integrantes del "limbo", a los que se les puede atacar impunemente. Eso, a su juicio, no implica "flargante racismo". Ciertamente nada hay de "flargante". El largo correo que le envié demuestra cómo se puede ejecutar un ataque racista, de manera solapada y cobarde.

Seguiré leyéndolo, José Antonio, pero teniendo ahora claro su concepto de la honestidad intelectual.

Le envío también un saludo.

Tomoo Terada

domingo, 9 de agosto de 2009

Deconstruyendo a Rosa Beltrán: los coreanos robagatos/Mexican Alexandra Wallace



Reescritura de marzo de 2013.


¿De qué acuso a Rosa Beltrán, actual directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y autora de La corte de los ilusos y Alta Infidelidad, como para atreverme a calificarla de racista, sinvergüenza y cobarde, a ella, una muy prestigiada y respetable académica (la imagen que ella ha procurado forjar) egresada de la UCLA (University of California Los Angeles) y, dicen, también literata?




Voy a ser muy directo y breve, pues percibo que muchos siguen sin entender de qué se trata.




Acuso a Rosa Beltrán de ser alguien tan perversa como para, por odio a un grupo racial minoritario residente en México, inventar, entre otras mentiras, que sus miembros se roban gatos domésticos de los mexicanos, para comérselos.




Y de ser tan cobarde como para, en razón de la corrección política prevaleciente en el medio académico en el que se desenvuelve, en lugar de asumir su racismo y lanzar ella misma la acusación en contra del grupo al que odia, inventarse que esa información se la había proporcionado un amigo —obvio: también inventado—, el cual, a su vez, no le informaba de algo que le constara personalmente, sino que —también inventado por Beltrán— lo había leído en un periódico que no identificaba.




¿Queda claro? Una escritora racista que no puede asumir públicamente su racismo en razón del discurso multicultural y políticamente correcto prevaleciente en la UNAM, en donde ha hecho carrera, aprovecha su inmerecido prestigio literario para atacar a los coreanos inventando que éstos se roban los gatos de los mexicanos para comérselos.

Esta falsa información se la atribuye como fuente a un amigo, también inventado, imaginario, ficticio, para evitar ser responsabilizada de la mentira racista que ella misma ha creado. Amigo que puede aparecer en la primera "versión" de su texto (2006) —según ella de una crónica, de "una experiencia escrita por un sujeto, desde un punto de vista", se pueden reescribir múltiples versiones— para, inexplicablemente, desaparecer el supuesto amigo en la segunda "versión" (2009) del mismo texto, que Beltrán publica con otro título en un medio diferente, aunque las dos "versiones" se refieran a la misma visita al barrio coreano.

Tan deshonesta es que la fuente de la segunda "versión" resulta ser algo que leyó "alguna vez" y que no identifica porque tendría que reconocer que la fuente es su propio texto mentiroso, en su primera "versión".

Y es que a Rosa Beltrán no le importó "desaparecer" a ese, su "amigo"*, en esa segunda "versión" más reciente de la visita al barrio coreano porque ese "amigo" anónimo nunca fue más que una creación imaginaria, al que pudo hacerle expresar ese odio racista hacia los "orientales" que Beltrán no tiene el valor de expresar por sí misma y en su propio nombre. Hubiera tenido siquiera la desfachatez de Alexandra Wallace, estudiante de la UCLA en donde Beltrán obtuvo su doctorado en Literatura Comparada. Porque Beltrán es una "Mexican Alexandra Wallace" aunque más hábil, como para inventarse amigos imaginarios y fuentes anónimas para no expresar directamente su odio racista.




Repasemos otra vez: el texto en el que se contienen esa y otras mentiras se publica en 2006 en la revista Nexos, la cual, junto con Letras Libres, es, merecida o inmerecidamente, una de las dos más influyentes revistas político-culturales de México, tan influyente que varios de sus miembros han tenido altos cargos gubernamentales, incluida la titularidad de una secretaría de Estado. La invención perversa de una racista queda validada entonces como un hecho real: los coreanos, en virtud de persistir en costumbres que en México consideramos repugnantes, se atreven incluso a robar a los gatos, las mascotas de los mexicanos. ¿Cómo dudar de ello si nos lo entera una prestigiada escritora que publica en una revista influyente?

Ella sabe que Nexos no es la revista de mayor circulación en México. Pero lo que le falta en cuanto a circulación lo compensa con influencia, prestigio entre las élites, proyección internacional. Todo ha salido perfecto. Ella ha podido lanzar su ataque contra esos despreciables coreanos, tal vez incluso influyendo a políticos encargados de temas de inmigración y seguridad pública, sin aparecer como racista. Sabe, además, que mientras centre su ataque solapado en contra de los asiáticos no tendrá problemas. Si se metiera con los negros o los indígenas entonces sí correría el riesgo de que su impostura se hiciera evidente.

Pero la escritora racista, la sinvergüenza Rosa Beltrán, comete un error: vuelve a publicar su libelo racista, ahora en 2009, pero cambiándole el título para engañar a los lectores, sus lectores (a quienes públicamente proclama amar y finge respetar pero a quienes en el fondo considera unos tontos, tan tontos como para que se les haya podido engañar haciéndoles creer que ella es una gran escritora)**, para que no se den cuenta de que se trata de un refrito. Además tiene que realizarle varios cambios a lo publicado en Nexos, pues por razones de espacio el número de caracteres debe ajustar en la columna que ahora tiene en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario, uno de los periódicos mexicanos más influyentes en la actualidad.

Y entonces ocurre su peor pesadilla: la descubren.

Y a su mentira se le pueden oponer pruebas que la desmienten totalmente.

Y para colmo quien la exhibe es un mexicoasiático.



Postdata de 2013:

He actualizado la redacción de la entrada y le he agregado algunas imagenes, incluida la de Alexandra Wallace, pues Rosa Beltrán puede ser descrita como una "Mexican Alexandra Wallace". 




*Tampoco le importó nada a la señora Beltrán que su mentira, la leyenda urbana que inventó, pudiera provocar una reacción violenta en contra de los coreanos, como la que se dio en Paraguay apenas el año pasado. Supongo que la hubiera considerado sólo como los
Efectos secundarios...de las leyendas urbanas inventadas por racistas como ella.




**He estado tentado a escribir una reseña de la más reciente novela de Rosa Beltrán, Efectos secundarios, la cual, si soy honesto conmigo mismo y con los lectores, sería muy negativa por razones estrictamente literarias muy aparte de que, por razones públicas y obvias, Beltrán me desagrade como persona. Correría el riesgo de que se molesten conmigo quienes la han puesto por la nubes en sus reseñas, personas por otra parte muy respetables como Nicolás Alvarado, Mónica Lávin y Élmer Mendoza, quienes tienen todo el derecho de estimar a sus amistades.

Lo que me ha impedido decidirme a hacerlo es que, hasta ahora, he escrito sobre obras que he considerado puedo elogiar por su calidad literaria, que me han gustado aún si he puesto algún reparo y, sobre todo, me han proporcionado placer de lector. Eso se nota, creo yo, en mis reseñas a las novelas El vano ayer, de Isaac Rosa y El huésped, de Guadalupe Nettel. ¿Para qué escribir sobre una obra que no me da ese placer por más elogios conque los amigos de la autora la cubren? Esa ha sido mi duda.

 















viernes, 7 de agosto de 2009

Carta censurada en Laberinto

Nuevamente, después de mucho tiempo, he vuelto a ser "honrado" con la censura. Sin duda es desagradable el ser censurado, pero tiene un aspecto positivo en el que no suelen pensar los que censuran: ser censurado es muy bueno para el ego de quien lo sufre. Parece masoquista, lo sé, pero no puede dejar de pensarse: "si me censuran he de ser considerado realmente provocador, crítico, peligroso..."

Como ya se sabe, se publicó el sábado 1 de agosto de 2009, en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario una carta mía denunciando la deshonestidad y racismo de la actual directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y columnista de Laberinto, Rosa Beltrán, quien, además, es considerada por sus panegiristas una de las mejores escritoras mexicanas. Opinión que no comparto ( ¿o será que ahora yo soy el prejuciado y estoy realmente convencido de que tendría que ser una escritora realmente extraordinaria, con valores literarios tan grandes como para que su racismo y demás defectos que la adornan pueda olvidarse, en lugar de que fuera la pasable y correcta redactora que, a lo mucho, en realidad es?).

Y como todo mundo pudo darse cuenta, de forma totalmente inusitada el director del suplemento, José Luis Martínez S., intervino para darle un espaldarazo público a Beltrán, minimizar mis argumentos y anunciarme públicamente que el espacio de Laberinto quedaba cerrado para mí, de ahora en adelante, con el obvio propósito de impedir cualquier posibilidad mía de responder en el espacio de Laberinto a las cínicas mentiras de Beltrán contenidas en su pretendida "Aclaración".

Es seguro que Martínez recibió fuertes presiones para actuar como lo hizo. Porque... ¿qué editor con un mínimo de dignidad y respeto propio puede reconocer públicamente que su suplemento recibe y publica refritos así sea de Nexos, reconociéndose como una simple sucursal de esa revista, de la que recibe agradecida los huesos ya roídos que se sirvan arrojarle?

Por eso ingresé este 3 de agosto una carta dirigida a José Luis Martínez protestando por su parcialidad y señalándole que estaba arriesgando su prestigio personal, el de sus demás colaboradores y todo el suplemento, sólo para apoyar a Beltrán. Durante buena parte de ese lunes 3 de agosto tuve un tenso intercambio de correos con Martínez, quien primeramente pretextó una supuesta falta de espacio para no publicar la carta.

Finalmente terminó reconociendo que se trataba de una censura descarada. Claro, si mis señalamientos contra Beltrán eran mentiras, exageraciones o simple difamación, ¿para que censurar la posibilidad de que yo la volviera a exhibir, ahora mostrando que ella fingía una falsa dignidad para no responder, por ejemplo, acerca del por qué se había inventado unas declaraciones falsas de un amigo también inventado, a fin de utilizarlas en contra de la comunidad coreana?

Pero en otra entrada abundaré más acerca de los aspectos racistas de este asunto. He comprobado que muchos no han terminado de entender qué tiene de racista lo que escribió Rosa Beltrán. Eso no es extraño en un país en el que a un delincuente se le puede nombrar en los medios como El Chino, omitiendo su nombre y recalcando su origen asiático, pero en el que llamar El Judío a otro criminal sería motivo de un verdadero escándalo.

También habrá que referirse al mito de que un posgrado (en la UNAM o Harvard, el ITAM, la Universidad de Florencia o la de Colima, etcétera) vacuna en contra del prejuicio y la deshonestidad. Lo menciono porque algunos parecen creer que una académica del posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras, doctorada en Literatura Comparada en la Universidad de California, no puede actuar como una sinvergüenza, aunque esto sea comprobable.

Lamento mucho el triste papel que terminó jugando José Luis Martínez en todo esto, pero él aceptó interpretar el papel de lacayo de Rosa Beltrán.






A 1 de agosto de 2009


José Luis Martínez S
Director de Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario.


Sr. José Luis Martínez S.:

Agradezco la publicación el día de hoy de mi carta acerca del bochornoso asunto de Rosa Beltrán, pero lamento que al mismo tiempo me anuncie el cierre de Laberinto hacia en contra de mi persona, a fin de impedirme responder a las nuevas mentiras de Beltrán contenidas en la pseudoaclaración que se publica de ella.

También lamento que abandone usted la imparcialidad que un editor debe mantener cuando se cuestiona a uno de sus colaboradores. Incluso intenta, sin mucha convicción ni fortuna, una débil defensa de lo indefendible, arriesgando su reputación personal y el prestigio del resto de sus colaboradores y, en general, del suplemento que dirige, a fin de darle un espaldarazo a la funcionaria Beltrán.

Aprendí que en Laberinto son bienvenidos los refritos (¿o sólo se lo permite a Rosa Beltrán?); que usted no considera racista el acusar falsamente de robar gatos para comérselos a una comunidad minoritaria, residente en México; que, a diferencia de Carlos Marín, el cual considera (Manual de periodismo, 2005) que “el cronista toma la realidad como punto de referencia para interpretar los fenómenos sociales”, para Beltrán y usted un cronista es alguien con licencia para presentar declaraciones y lecturas imaginarias como reales, haciéndolas aparecer entrecomilladas.

Y que Carlos Monsiváis, Juan Villoro (quien sé que es gran amigo de Beltrán, pero también hombre honesto, en lo que me consta hasta ahora), al igual que otros cronistas, deben dejar de ser perezosos y ponerse a escribir nuevas “versiones” de sus crónicas.

Finalmente le ofrezco una disculpa, creí que había sido engañado con un refrito, pero ahora veo que los únicos engañados han sido y serán los lectores.

A fin de dejar públicamente establecida mi posición respecto a la actitud que usted adopta, le solicito la publicación de la presente en el suplemento que dirige.

Atentamente.
(firma)
Tomoo Terada

(sello de recibido)