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jueves, 3 de septiembre de 2009

Rosa Beltrán: Alta infidelidad…a la verdad



Es una lástima que Fernando Iwasaki dedique demasiado tiempo a jugar con su dinosaurio inflable porque, de otra forma, podría entregar a las prensas más originales que los que entrega. Pero eso es algo que sólo a él le corresponde resolver.

Pasando a otros temas más serios y menos agradables retomo lo que ya he llamado “el caso Rosa Beltrán”. Esta singular señora, capaz de publicar múltiples “versiones” de una crónica, la misma que, como académica, protesta ante un público de colegas estadounidenses por los estereotipos acerca de los mexicanos y proclama estar en contra de la pregunta: “Where are you from?, claro, mientras no se trate de los “orientales”.

A los “orientales” a ellos sí hay que preguntarles, en la ficción y en la realidad —porque el odio ha llevado a la señora Beltrán a no poder distinguir entre una y otra área— de dónde son, qué pretenden en México. Preguntarles por qué se atreven a robar, para comérselas, a las mascotas de los mexicanos, por qué se atreven a registrar los derechos de uso de la Virgen de Guadalupe y al mismo tiempo exportar a jóvenes mexicanas “de ojos redondos” aunque no sean vírgenes, por qué ejercen el contrabando cuándo que en México no tenemos esas costumbres y la palabra fayuca surgió apenas empezaron a llegar ellos, los “orientales”, por qué, por qué se agandallan los libros de la biblioteca de la UCLA todo un semestre completo, por qué sus padres son alcohólicos y las mujeres tienen la propensión a desnudarse…

Una serie de porqués que la señora Beltrán tiene en su confundida y sucia mente, mezclando realidad y ficción, para llamar al orden a esos “orientales” que no pertenecen aquí. “¿De donde eres? Tú no eres de aquí. La gente como yo es la que decide quién es o no mexicano”.

Bueno, después de este intermedio lírico, el cual fue conformado a partir de diferentes partes de la obra de la señora Beltrán, justamente aquéllos en los que entra en contacto con los "orientales", por lo que por un breve momento podemos atisbar en su extraña mente, pasemos a los hechos comprobables y objetivos.

En las dos versiones (así las llama ella) del texto de la señora Rosa Beltrán,la publicada en Nexos en enero de 2006:

“Los días de Bok”, dijo, “son los días más calientes del año y es la época en que se consumen más perros, en la creencia de que comiendo la carne de los perros (que no sudan) se refrescará el cuerpo del consumidor”. “Pero eso es en Corea”, le dije nerviosa, al tiempo en que caía en la cuenta de que él sólo había probado el caldo de la sopa y el té mientras que yo, por simple ley de las compensaciones, había dado fin a los sólidos.

“Claro que el IDA y los grupos proteccionistas de animales luchan contra el comercio ilegal de carne de perro y de gato en Corea”, aclaró, “pero no sólo”. Luego me comentó una noticia que había leído en un periódico: “Mira, algo curioso en su alimentación es que no pierden la tradición de comer carne de perro y gato. Hace poco, los vecinos de la colonia Roma fueron a protestar a la delegación porque se estaban robando a todos los gatos de la zona y quienes se los robaban eran los coreanos”.


así como en la publicada en Laberinto el 4 de julio de este 2009:

“Los días de Bok”, leí alguna vez, “son los días más calientes del año y es la época en que se consumen más perros, en la creencia de que comiendo la carne de los perros (que no sudan) se refrescará el cuerpo del comensal. Por esta razón, los vecinos de la colonia Roma fueron a protestar a la delegación porque se estaban robando a todos los gatos de la zona y quien se los robaba eran los coreanos”.


se nos informa que hubo una protesta de vecinos de la colonia Roma en contra de los coreanos (no uno o un grupo de ellos sino “los coreanos”), por robarse los gatos domésticos de aquéllos para comérselos.

Pues bien, resulta que esto no es cierto.

El Infodf (Instituto de Acceso a la Información Pública del Distrito Federal) es el equivalente local, para la Ciudad de México, del IFAI. Ahí se puede solicitar la información pública referente a esta ciudad capital. El sistema electrónico para presentar solicitudes de información pública se llama Infomex; en ese mismo sistema se pueden consultar las solicitudes que solicitantes anteriores han presentado.

Presenté ahí una solicitud en los siguientes términos:

Tomoo Terada, escritor y periodista, solicito el acceso al expediente abierto en 2005 en la Delegación Cuauhtémoc, con motivo de la protesta de vecinos de la colonia Roma en contra de la comunidad coreana, acusándolos de robarse los gatos domésticos de aquéllos.

Esto, conforme a un texto publicado en la revista Nexos en enero de 2006 por la señora Rosa Beltrán.

Agregando:

Del texto señalado se desprende que esto ocurrió en algún momento de 2005, y fue tan sonado que un periódico publicó el asunto. Todo esto, según el texto ya mencionado de Rosa Beltrán.

La respuesta de la Delegación Cuauhtémoc, a la que pertenece la colonia Roma, en su parte sustancial dice lo siguiente:

Este Órgano Político-Administrativo se encuentra materialmente imposibilitado para brindarle los datos solicitados, toda vez que en sus archivos no obra antecedente alguno referente a la información requerida en la solicitud que nos ocupa, en virtud de no contar con atribuciones relativas al tema a que hace mención en su petición.

A continuación pasa a enlistar las facultades de la procuraduría local, que es adonde se presentan las denuncias por cualquier delito. Y concluye:

De lo antes expuesto se desprende que el Ente Público competente para brindarle la debida atención a sus requerimientos de información, es la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, la cual, de conformidad con sus atribuciones conferidas, podrá brindarle los datos requeridos en la solicitud de mérito.


En lenguaje común la delegación afirma no tener en su archivos registro de la supuesta protesta pues no entra en sus atribuciones, ya que no es ahí en donde se presentan las denuncias por delitos. No estoy de acuerdo con esta respuesta de la Delegación Cuauhtémoc porque no es lo suficientemente enfática, pero lo que sí queda claro es que niega tener expediente alguno de la protesta que menciona la señora Beltrán en su "crónica".

Ojala que la señora Beltrán reúna el valor para atreverse a dar públicamente el nombre de su imaginario amigo anónimo, que leyó hace tres años y medio lo de los coreanos robacomegatos en un periódico inexistente. Sé que no le será posible. Tampoco le será posible decir en dónde, según lo afirmó en Laberinto, ahora en julio de este año, leyó ella justamente la misma historia que ella misma inventó hace tres años y medio, acerca de los coreanos que se robaban gatos para comérselos. Falsedad que la fantasiosa Beltrán fue tan cobarde como para atribuírselo hace tres años y medio a un amigo anónimo inventado y ahora a una lectura también anónima.

No le será posible, pues la suya no fue más que la mentira cobarde de una mitómana racista, que se consideraba impune por formar parte de la alta burocracia de la UNAM. ¿Esta señora sin ética es la encargada de decidir a cuáles escritores publica y promueve la UNAM? ¿Estos son los verdaderos valores de cinismo, mentira y racismo que en la Universidad Nacional Autónoma de México están atrás y por debajo de tanta proclamación del lema de José Vasconcelos: Por mi raza hablará el espíritu? Se lo pregunto públicamente al jefe de Beltrán, el actual Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, el escritor Sealtiel Alatriste.

El folio de la respuesta de la Delegación Cuauhtémoc que deja establecido que Rosa Beltrán es una mentirosa es el: 0405000108809

INFOMEX

Invito a todos los que puedan estar interesados en este asunto, especialmente a los amigos y admiradores de Rosa Beltrán y la comunidad de la UNAM, a realizar la consulta y comprobar si es cierto o no que la Delegación Cuauhtémoc me respondió. En un primer momento pensé en "colgar" el archivo de la respuesta en alguno de los servicios de almacenaje de archivos, pero llegué a la conclusión de que para los interesados tendría más credibilidad si lo descargaban del sitio del Infodf y no de un blog.

No es más complicado que copiar y pegar. Para que quede bien claro, de entre yo y ella, quién dice la verdad y quién miente cínicamente ("obviar las comillas donde se cita un texto y adjudicárselo al autor"), pretendiendo escudarse en valores y prácticas literarias respetables, las cuales pervierte y distorsiona.

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Postdata:

Cuando originalmente publiqué esta entrada no tenía todavía acceso directo a la documentación oficial, suscrita por los funcionarios públicos correspondientes, que ahora se ha puesto en línea en esta entrada para mostrar que es factual, objetivamente comprobable que Rosa Beltrán es una mitómana racista quien intencionalmente buscó engañar a los lectores.

Y es que situaciones como ésta se dan por la impunidad y la falta de señalamiento que las rodea, a la que se agrega la actitud poco crítica si no es que de complicidad, de falta de honestidad intelectual, como la que lamentablemente parece haber asumido un académico tan estimable en otros aspectos como José Antonio Aguilar Rivera, quien paradójicamente ha escrito sobre el tema del racismo.

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Otra postdata, ahora de 2013:

A quien crea que exgero, que sé trata de un asunto menor y hasta chusco, gracioso, le sugiero ver el video de esta noticia de apenas el año pasado, 2012:  http://www.ultimahora.com/notas/535932-Atropello,-acusaciones-y-denuncias-entre-coreanos-y-vecinos-por-supuesto-faenamiento-de-perros.

En Paraguay un grupo amenazante de individuos llega de noche y destruye la puerta del domicilio particular de un coreano, con el pretexto de su creencia en que en ese domicilo se mataban perros para comerlos. Al final terminan robando los perros del coreano pretendiendo que los han "rescatado".

miércoles, 19 de agosto de 2009

El denunciante como maledicente, según Fernando Iwasaki

Por lo visto mis acusaciones contra Rosa Beltrán han calado muy hondo, a pesar de la cínicamente mentirosa “Aclaración” de ella, la censura impuesta por José Luis Martínez y el que, por lo visto, la mayoría de los lectores no haya entendido la parte racista del asunto.

De otra forma no se explica que otro colaborador del suplemento Laberinto, el escritor peruano Fernando Iwasaki, parezca referirse a mí sin nombrarme, en la colaboración de su columna del sábado 15 de agosto, titulada “Maledicentes”.

Difícil no darse por aludido si of all places Iwasaki publica su texto en Laberinto (colabora también en el diario español ABC y en otras partes), el mismo suplemento en el que, hace no tanto, se publicó mi carta sobre el racismo entre “los cultos”, específicamente Rosa Beltrán. La misma que, al no tener la opción de poder ningunearme (las acusaciones eran tan graves que su silencio sólo podría interpretarse como aceptación) escribió una mentirosa “aclaración” que no aclaraba nada. Mismo suplemento en el que su editor, José Luis Martínez, le dio la razón a ella y la última palabra al tiempo que impedía cualquier posibilidad de que yo pudiera responder a sus mentiras, exhibiéndola aún más. El mismo Martínez, quien terminó asumiendo por correo ante mí la censura descarada de una carta abierta en la que yo protestaba por su parcialidad como editor.

Si todo lo anterior es reducido a mera “maledicencia”, entonces Rosa Beltrán no es una racista mentirosa y José Luis Martínez no es un censurador, editor confeso de refritos y lacayo de Beltrán. E Iwasaki no tiene por qué sentir la mínima pena de elogiar a Beltrán o publicar con Martínez.

Tan difícil como el que yo no me dé por aludido es igualmente difícil para Rosa Beltrán el que ella no se dé por aludida. Porque lo que Iwasaki inicia como un aparente repaso por la historia de la maledicencia en el ámbito literario deriva en una curiosa arenga a practicar “la costumbre de elogiar”. Enlista a un grupo de escritores españoles a los que considera elogiables y, a continuación, “como la lista latinoamericana sería larguísima” se limita a México (quién sabe por qué este país y no Argentina o su natal Perú) y enlista a los escritores mexicanos elogiables, entre los que cuenta a…Rosa Beltrán.

A mí me parece, por parte de Iwasaki, una forma muchísimo más hábil y sutil de poder darle también un espaldarazo a Rosa Beltrán, sin caer en la torpeza de José Luis Martínez de evidenciar censura y hasta expresar afirmaciones involuntariamente denigrantes para sí mismo (“soy un editor que, a sabiendas, publica refritos”).

Iwasaki tiene la costumbre de elogiar. Hace poco, en el mismo suplemento Laberinto, lo que inició como una columna para poner en duda el valor de ser “escritor joven”, de considerar la juventud y precocidad de los escritores como un valor en sí mismo, acabó concluyendo en un elogio (merecido) al escritor argentino Andrés Neuman.

Pero en realidad Iwasaki se equivoca. No se trata de que “contra la maledicencia, el elogio”. Porque la crítica y la denuncia pueden acabar siendo consideradas como “maledicencia” por quien no entiende la diferencia entre elogiar y adular. O la diferencia entre las relaciones públicas y la crítica literaria positiva o negativa hacia la obra de quienes, como humanos, lo mismo pueden escribir maravillas, que obras buenas, malas o mediocres. Aquel que siempre invariablemente elogia terminará viendo siempre cómo sus elogios son cada vez menos apreciados por sus elogiados, que apreciarán su amistad pero no necesariamente su gusto.

Ya que Iwasaki implica que soy un “maledicente” tengo que informarle que, por ejemplo, elogié en la revista mexicana Replicante la obra de uno de los escritores españoles, Isaac Rosa, al que él considera elogiable; en específico su novela El vano ayer (2004). Antes de mí, que yo sepa, en México sólo se habían publicado acerca de esta novela de Rosa las críticas “maledicientes” de Christopher Domínguez y José Manuel Prieto, los cuales se ocuparon, más que los aspectos literarios de la novela, de especular acerca de la relación que guardaba Rosa con los regimenes cubano y venezolano, de quienes, según se podía desprender de lo que escribían aquellos, Isaac Rosa habría sido escritor favorito y consentido, a grado tal como para que, no importando que fuera en forma turbia, le regalaran el premio Rómulo Gallegos de 2005, en perjuicio de otros concursantes.

Más bien Iwasaki tendría que ser más cuidadoso en sus elogios, pues, por ejemplo, elogiar a Rosa Beltrán no es lo mismo que elogiar a Isaac Rosa. Este último no tiene en España, hasta donde estoy enterado, un cargo en la burocracia cultural que le permita difundir a otros escritores, a diferencia de Beltrán. Entre Rosa y Rosa Iwasaki puede terminar espinado de la lengua por soltar elogios a diestra y siniestra. Elogiar la obra de una funcionaria encargada de difundir la obra de otros escritores, con la capacidad de promover a unos y vetar a otros, como sin duda será su caso y el mío, respectivamente, siempre despertará la suspicacia.

Pero lo más importante es, creo, el hecho de que sea precisamente él, el colaborador de Laberinto que tiene un apellido “oriental”, quien le dé un nuevo espaldarazo a Rosa Beltrán. Eso “probaría” que José Luis Martínez tiene razón y que en el texto de Rosa Beltrán sobre los coreanos no hay “ningún atisbo de racismo”.

Quiero pensar que Fernando Iwasaki, al igual que muchos lectores, no entendió la parte racista de este asunto. Pensar de otra forma implicaría el tener una concepción muy negativa acerca de él, como alguien a quien, para establecer o mantener una amistad o relación conveniente que le sirva para seguir promocionando su obra en México (editor José Luis Martínez y funcionaria Rosa Beltrán), no le importa escupir contra sí mismo, contra la parte de sus genes que es “oriental”.

Iwasaki, quien es nieto de japonés (Wikipedia) y se declara en entrevista “medio japonés” no tiene, ciertamente, mucho aspecto “oriental”; y como lo da a entender en algún cuento suyo como “La sombra del guerrero” la herencia cultural japonesa en realidad le es ajena. Para él lo “oriental” es algo tan exótico como para la mayoría de occidentales, quienes no cuentan entre sus antepasados a un abuelo japonés.

Y como Iwasaki ha comido (creo que se trata de una exageración literaria, pero quién sabe) hamburguesas de gato (Por qué escribo relatos o para cuándo novela) seguramente no alcanza a percibir qué puede tener de racista el que Rosa Beltrán invente que los coreanos se roban gatos para comérselos y además invente a un amigo anónimo al que pueda atribuir tal declaración.

¿Para hacer esas hamburguesas Iwasaki se robó los gatos de los vecinos, se quejaron de él y terminó apareciendo en un periódico como el medio japonés robacomegatos? ¿O todo lo anterior sólo puede ser señalado, incluso inventado, cuando se trata de coreanos?

Por eso, en el próximo mensaje les explicaré y mostraré, a él y a todos quienes no hayan entendido la acusación de racismo contra Rosa Beltrán, que la misma tiene su base en la forma tan rara en que Beltrán escribe y “versiona” sus supuestas crónicas.

domingo, 9 de agosto de 2009

Deconstruyendo a Rosa Beltrán: los coreanos robagatos/Mexican Alexandra Wallace



Reescritura de marzo de 2013.


¿De qué acuso a Rosa Beltrán, actual directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y autora de La corte de los ilusos y Alta Infidelidad, como para atreverme a calificarla de racista, sinvergüenza y cobarde, a ella, una muy prestigiada y respetable académica (la imagen que ella ha procurado forjar) egresada de la UCLA (University of California Los Angeles) y, dicen, también literata?




Voy a ser muy directo y breve, pues percibo que muchos siguen sin entender de qué se trata.




Acuso a Rosa Beltrán de ser alguien tan perversa como para, por odio a un grupo racial minoritario residente en México, inventar, entre otras mentiras, que sus miembros se roban gatos domésticos de los mexicanos, para comérselos.




Y de ser tan cobarde como para, en razón de la corrección política prevaleciente en el medio académico en el que se desenvuelve, en lugar de asumir su racismo y lanzar ella misma la acusación en contra del grupo al que odia, inventarse que esa información se la había proporcionado un amigo —obvio: también inventado—, el cual, a su vez, no le informaba de algo que le constara personalmente, sino que —también inventado por Beltrán— lo había leído en un periódico que no identificaba.




¿Queda claro? Una escritora racista que no puede asumir públicamente su racismo en razón del discurso multicultural y políticamente correcto prevaleciente en la UNAM, en donde ha hecho carrera, aprovecha su inmerecido prestigio literario para atacar a los coreanos inventando que éstos se roban los gatos de los mexicanos para comérselos.

Esta falsa información se la atribuye como fuente a un amigo, también inventado, imaginario, ficticio, para evitar ser responsabilizada de la mentira racista que ella misma ha creado. Amigo que puede aparecer en la primera "versión" de su texto (2006) —según ella de una crónica, de "una experiencia escrita por un sujeto, desde un punto de vista", se pueden reescribir múltiples versiones— para, inexplicablemente, desaparecer el supuesto amigo en la segunda "versión" (2009) del mismo texto, que Beltrán publica con otro título en un medio diferente, aunque las dos "versiones" se refieran a la misma visita al barrio coreano.

Tan deshonesta es que la fuente de la segunda "versión" resulta ser algo que leyó "alguna vez" y que no identifica porque tendría que reconocer que la fuente es su propio texto mentiroso, en su primera "versión".

Y es que a Rosa Beltrán no le importó "desaparecer" a ese, su "amigo"*, en esa segunda "versión" más reciente de la visita al barrio coreano porque ese "amigo" anónimo nunca fue más que una creación imaginaria, al que pudo hacerle expresar ese odio racista hacia los "orientales" que Beltrán no tiene el valor de expresar por sí misma y en su propio nombre. Hubiera tenido siquiera la desfachatez de Alexandra Wallace, estudiante de la UCLA en donde Beltrán obtuvo su doctorado en Literatura Comparada. Porque Beltrán es una "Mexican Alexandra Wallace" aunque más hábil, como para inventarse amigos imaginarios y fuentes anónimas para no expresar directamente su odio racista.




Repasemos otra vez: el texto en el que se contienen esa y otras mentiras se publica en 2006 en la revista Nexos, la cual, junto con Letras Libres, es, merecida o inmerecidamente, una de las dos más influyentes revistas político-culturales de México, tan influyente que varios de sus miembros han tenido altos cargos gubernamentales, incluida la titularidad de una secretaría de Estado. La invención perversa de una racista queda validada entonces como un hecho real: los coreanos, en virtud de persistir en costumbres que en México consideramos repugnantes, se atreven incluso a robar a los gatos, las mascotas de los mexicanos. ¿Cómo dudar de ello si nos lo entera una prestigiada escritora que publica en una revista influyente?

Ella sabe que Nexos no es la revista de mayor circulación en México. Pero lo que le falta en cuanto a circulación lo compensa con influencia, prestigio entre las élites, proyección internacional. Todo ha salido perfecto. Ella ha podido lanzar su ataque contra esos despreciables coreanos, tal vez incluso influyendo a políticos encargados de temas de inmigración y seguridad pública, sin aparecer como racista. Sabe, además, que mientras centre su ataque solapado en contra de los asiáticos no tendrá problemas. Si se metiera con los negros o los indígenas entonces sí correría el riesgo de que su impostura se hiciera evidente.

Pero la escritora racista, la sinvergüenza Rosa Beltrán, comete un error: vuelve a publicar su libelo racista, ahora en 2009, pero cambiándole el título para engañar a los lectores, sus lectores (a quienes públicamente proclama amar y finge respetar pero a quienes en el fondo considera unos tontos, tan tontos como para que se les haya podido engañar haciéndoles creer que ella es una gran escritora)**, para que no se den cuenta de que se trata de un refrito. Además tiene que realizarle varios cambios a lo publicado en Nexos, pues por razones de espacio el número de caracteres debe ajustar en la columna que ahora tiene en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario, uno de los periódicos mexicanos más influyentes en la actualidad.

Y entonces ocurre su peor pesadilla: la descubren.

Y a su mentira se le pueden oponer pruebas que la desmienten totalmente.

Y para colmo quien la exhibe es un mexicoasiático.



Postdata de 2013:

He actualizado la redacción de la entrada y le he agregado algunas imagenes, incluida la de Alexandra Wallace, pues Rosa Beltrán puede ser descrita como una "Mexican Alexandra Wallace". 




*Tampoco le importó nada a la señora Beltrán que su mentira, la leyenda urbana que inventó, pudiera provocar una reacción violenta en contra de los coreanos, como la que se dio en Paraguay apenas el año pasado. Supongo que la hubiera considerado sólo como los
Efectos secundarios...de las leyendas urbanas inventadas por racistas como ella.




**He estado tentado a escribir una reseña de la más reciente novela de Rosa Beltrán, Efectos secundarios, la cual, si soy honesto conmigo mismo y con los lectores, sería muy negativa por razones estrictamente literarias muy aparte de que, por razones públicas y obvias, Beltrán me desagrade como persona. Correría el riesgo de que se molesten conmigo quienes la han puesto por la nubes en sus reseñas, personas por otra parte muy respetables como Nicolás Alvarado, Mónica Lávin y Élmer Mendoza, quienes tienen todo el derecho de estimar a sus amistades.

Lo que me ha impedido decidirme a hacerlo es que, hasta ahora, he escrito sobre obras que he considerado puedo elogiar por su calidad literaria, que me han gustado aún si he puesto algún reparo y, sobre todo, me han proporcionado placer de lector. Eso se nota, creo yo, en mis reseñas a las novelas El vano ayer, de Isaac Rosa y El huésped, de Guadalupe Nettel. ¿Para qué escribir sobre una obra que no me da ese placer por más elogios conque los amigos de la autora la cubren? Esa ha sido mi duda.

 















viernes, 7 de agosto de 2009

Carta censurada en Laberinto

Nuevamente, después de mucho tiempo, he vuelto a ser "honrado" con la censura. Sin duda es desagradable el ser censurado, pero tiene un aspecto positivo en el que no suelen pensar los que censuran: ser censurado es muy bueno para el ego de quien lo sufre. Parece masoquista, lo sé, pero no puede dejar de pensarse: "si me censuran he de ser considerado realmente provocador, crítico, peligroso..."

Como ya se sabe, se publicó el sábado 1 de agosto de 2009, en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario una carta mía denunciando la deshonestidad y racismo de la actual directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y columnista de Laberinto, Rosa Beltrán, quien, además, es considerada por sus panegiristas una de las mejores escritoras mexicanas. Opinión que no comparto ( ¿o será que ahora yo soy el prejuciado y estoy realmente convencido de que tendría que ser una escritora realmente extraordinaria, con valores literarios tan grandes como para que su racismo y demás defectos que la adornan pueda olvidarse, en lugar de que fuera la pasable y correcta redactora que, a lo mucho, en realidad es?).

Y como todo mundo pudo darse cuenta, de forma totalmente inusitada el director del suplemento, José Luis Martínez S., intervino para darle un espaldarazo público a Beltrán, minimizar mis argumentos y anunciarme públicamente que el espacio de Laberinto quedaba cerrado para mí, de ahora en adelante, con el obvio propósito de impedir cualquier posibilidad mía de responder en el espacio de Laberinto a las cínicas mentiras de Beltrán contenidas en su pretendida "Aclaración".

Es seguro que Martínez recibió fuertes presiones para actuar como lo hizo. Porque... ¿qué editor con un mínimo de dignidad y respeto propio puede reconocer públicamente que su suplemento recibe y publica refritos así sea de Nexos, reconociéndose como una simple sucursal de esa revista, de la que recibe agradecida los huesos ya roídos que se sirvan arrojarle?

Por eso ingresé este 3 de agosto una carta dirigida a José Luis Martínez protestando por su parcialidad y señalándole que estaba arriesgando su prestigio personal, el de sus demás colaboradores y todo el suplemento, sólo para apoyar a Beltrán. Durante buena parte de ese lunes 3 de agosto tuve un tenso intercambio de correos con Martínez, quien primeramente pretextó una supuesta falta de espacio para no publicar la carta.

Finalmente terminó reconociendo que se trataba de una censura descarada. Claro, si mis señalamientos contra Beltrán eran mentiras, exageraciones o simple difamación, ¿para que censurar la posibilidad de que yo la volviera a exhibir, ahora mostrando que ella fingía una falsa dignidad para no responder, por ejemplo, acerca del por qué se había inventado unas declaraciones falsas de un amigo también inventado, a fin de utilizarlas en contra de la comunidad coreana?

Pero en otra entrada abundaré más acerca de los aspectos racistas de este asunto. He comprobado que muchos no han terminado de entender qué tiene de racista lo que escribió Rosa Beltrán. Eso no es extraño en un país en el que a un delincuente se le puede nombrar en los medios como El Chino, omitiendo su nombre y recalcando su origen asiático, pero en el que llamar El Judío a otro criminal sería motivo de un verdadero escándalo.

También habrá que referirse al mito de que un posgrado (en la UNAM o Harvard, el ITAM, la Universidad de Florencia o la de Colima, etcétera) vacuna en contra del prejuicio y la deshonestidad. Lo menciono porque algunos parecen creer que una académica del posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras, doctorada en Literatura Comparada en la Universidad de California, no puede actuar como una sinvergüenza, aunque esto sea comprobable.

Lamento mucho el triste papel que terminó jugando José Luis Martínez en todo esto, pero él aceptó interpretar el papel de lacayo de Rosa Beltrán.






A 1 de agosto de 2009


José Luis Martínez S
Director de Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario.


Sr. José Luis Martínez S.:

Agradezco la publicación el día de hoy de mi carta acerca del bochornoso asunto de Rosa Beltrán, pero lamento que al mismo tiempo me anuncie el cierre de Laberinto hacia en contra de mi persona, a fin de impedirme responder a las nuevas mentiras de Beltrán contenidas en la pseudoaclaración que se publica de ella.

También lamento que abandone usted la imparcialidad que un editor debe mantener cuando se cuestiona a uno de sus colaboradores. Incluso intenta, sin mucha convicción ni fortuna, una débil defensa de lo indefendible, arriesgando su reputación personal y el prestigio del resto de sus colaboradores y, en general, del suplemento que dirige, a fin de darle un espaldarazo a la funcionaria Beltrán.

Aprendí que en Laberinto son bienvenidos los refritos (¿o sólo se lo permite a Rosa Beltrán?); que usted no considera racista el acusar falsamente de robar gatos para comérselos a una comunidad minoritaria, residente en México; que, a diferencia de Carlos Marín, el cual considera (Manual de periodismo, 2005) que “el cronista toma la realidad como punto de referencia para interpretar los fenómenos sociales”, para Beltrán y usted un cronista es alguien con licencia para presentar declaraciones y lecturas imaginarias como reales, haciéndolas aparecer entrecomilladas.

Y que Carlos Monsiváis, Juan Villoro (quien sé que es gran amigo de Beltrán, pero también hombre honesto, en lo que me consta hasta ahora), al igual que otros cronistas, deben dejar de ser perezosos y ponerse a escribir nuevas “versiones” de sus crónicas.

Finalmente le ofrezco una disculpa, creí que había sido engañado con un refrito, pero ahora veo que los únicos engañados han sido y serán los lectores.

A fin de dejar públicamente establecida mi posición respecto a la actitud que usted adopta, le solicito la publicación de la presente en el suplemento que dirige.

Atentamente.
(firma)
Tomoo Terada

(sello de recibido)

viernes, 31 de julio de 2009

Denuncia pública en contra de una "intelectual" racista

El día de mañana, sábado 1 de agosto, se publicará en la página 8 de Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario una carta abierta mía referente al racismo entre los intelectuales mexicanos, centrándome en el caso de una alta funcionaria de la UNAM, quien supuestamente (yo no lo creo así) es una de las mejores escritoras del país. Así lo he acordado ya con José Luis Martínez S., director de ese suplemento, quien, hasta este momento, no me ha avisado de algún cambio o posposición.

Esto se da en respuesta a un libelo racista de la supuesta gran escritora, publicado en ese mismo suplemento en forma totalmente involuntaria por parte de José Luis Martínez, quien por eso me ha permitido el espacio para responder a la no sólo racista sino sinvergüenza "escritora".

Abundaré mucho más después de que la carta pública de denuncia haya sido publicada.

Atentamente.

Tomoo Terada