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jueves, 1 de octubre de 2009

Conflicto de interés – Fernando Iwasaki – La muerte de Lucy

Conflicto de interés

Después de mucho, muchísimo tiempo, prácticamente lo que va del presente año, finalmente se publicó en la revista Metapolítica, en su actual número correspondiente a septiembre-octubre, mi ensayo “El conflicto de interés o el surrealismo sin poesía de la vida pública mexicana”, un tema que me parece fundamental para la verdadera democratización de México.

Escribirlo me ocupó muchos meses de investigación el año pasado pues, como lo planteo en el propio texto, el tema está prácticamente inexplorado por la comunidad académica mexicana, mayoritariamente ocupada en preguntarse una y otra vez por qué no se puede construir ciudadanía en este país y por qué los mexicanos no pueden ser como los suizos (esa es la impresión que me causan los repetitivos lamentos por televisión, semana a semana, de los integrantes de Primer Plano).

Había intentado anteriormente abordar, como un género más, la “escritura académica”, igual que si abordara un poema o un relato corto, pero es sólo hasta ahora que considero haber logrado algo que me enorgullezca. Lamentablemente en el proceso de edición alguien agregó una errata acerca del apellido de Francesco Carnelutti, el cual aparece dos veces como Carnuletti.

Aparte del orgullo que me provoca este trabajo pionero, quería comentar del mismo en el blog, a fin de dejar bien claras las cosas a todos aquellos quienes pudieran tener (o quieran difundirla deliberadamente) la equivocada impresión de que mi denuncia en contra de Rosa Beltrán es sólo producto de una obsesión mía. Esta mentira implicaría el que lo que llena y daría sentido a mi vida es el impugnar a esta señora. Si puede haber quien crea (o quiera creer) eso, entonces no puede estar más equivocado (a).

Próximamente publicaré una entrada en la que responderé a varias dudas y confusiones, las cuales he encontrado que hay respecto al “caso Beltrán” y a mí, producto de la ignorancia y el prejuicio. Y, por supuesto, para desmentir a quienes interesadamente promuevan de mí la imagen negativa de un difamador obsesionado con una “gran” (ja) escritora, a fin de justificar la censura y el ninguneo en contra mía por atreverme a enfrentar públicamente a una poderosa burócrata universitaria, cobarde y mentirosa.

Adelanto pues, por si a estas alturas no ha quedado claro, que la razón principal por la que impugno a Rosa Beltrán es porque la gente racista y deshonesta, como descubrí que es ella, me provoca desprecio y asco.

Porque no necesito conocerla (jamás he tenido contacto alguno con ella, directo u indirecto, pues tan sólo la conozco en fotografía) para burlarme de la fingida dignidad de gentuza hipócrita y simuladora con todo y un doctorado que no me impresiona, por ser una farsante quien proclama su gran amor y preocupación por los más altos valores de la cultura al tiempo que promueve el odio racial, de manera solapada y cobarde.



Fernando Iwasaki

Pasando a otro tema relacionado: comentando acerca del fin de ciclo de Fernando Iwasaki en Laberinto, lo que puedo decir públicamente es que él ya tenía sus razones propias y previas para salir del suplemento. Pero que sin duda aceleró este proceso el ir tomando conciencia del tipo de gentuza que tenía como colega columnista en la página contigua.

Fernando fue muy diplomático y rebajó sus méritos propios al tiempo que destacaba el respeto que en todo momento tuvo para los lectores del suplemento, con quienes desea volver a estar en sintonía en el futuro, para satisfacer mejor sus necesidades como lectores. Pero el problema no eran los lectores sino que estaba en otra parte.

Y es que no dejó de llamarme la atención que no expresara agradecimiento alguno, como se acostumbra en estas circunstancias, al editor del suplemento: el lacayo de Rosa Beltrán llamado José Luis Martínez.



La muerte de Lucy



Esta noticia, de la que me enteré por casualidad, y que sin duda está circulando rápidamente, es triste, pero al mismo tiempo inspiradora. Demuestra que cuando el verdadero arte, no las “altas infidelidades” de una farsante, toca la vida de alguien, esto puede llegar a darle, aún sin buscarla, esa especie de inmortalidad que es el recuerdo de quienes ni siquiera la conocieron.

Murió Lucy, la chica que, aún antes de conocerla físicamente, siempre recordaremos por sus ojos caleidoscópicos.



Resultó que John Lennon no había mentido. Que sí fue cierto que alguna vez su hijo Julian llegó a casa con el dibujo que había hecho de una compañera de la escuela llamada Lucy, en medio de un cielo con diamantes. Y ese dibujo inspiró a Lennon a escribir una canción que llegaría ser vetada por la BBC por supuestamente ser una apología de la droga de moda entonces, el LSD, como los siempre perspicaces censuradores de entonces y ahora se dieron cuenta al observar las siglas que sugería el título de la canción.

Lucy se llamaba Lucy Vodden y ahora, ya adulta, acaba de morir de lupus.

Alguna vez todos la acompañaremos a ella en el cielo con diamantes.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Rosa Beltrán: Alta infidelidad…a la verdad



Es una lástima que Fernando Iwasaki dedique demasiado tiempo a jugar con su dinosaurio inflable porque, de otra forma, podría entregar a las prensas más originales que los que entrega. Pero eso es algo que sólo a él le corresponde resolver.

Pasando a otros temas más serios y menos agradables retomo lo que ya he llamado “el caso Rosa Beltrán”. Esta singular señora, capaz de publicar múltiples “versiones” de una crónica, la misma que, como académica, protesta ante un público de colegas estadounidenses por los estereotipos acerca de los mexicanos y proclama estar en contra de la pregunta: “Where are you from?, claro, mientras no se trate de los “orientales”.

A los “orientales” a ellos sí hay que preguntarles, en la ficción y en la realidad —porque el odio ha llevado a la señora Beltrán a no poder distinguir entre una y otra área— de dónde son, qué pretenden en México. Preguntarles por qué se atreven a robar, para comérselas, a las mascotas de los mexicanos, por qué se atreven a registrar los derechos de uso de la Virgen de Guadalupe y al mismo tiempo exportar a jóvenes mexicanas “de ojos redondos” aunque no sean vírgenes, por qué ejercen el contrabando cuándo que en México no tenemos esas costumbres y la palabra fayuca surgió apenas empezaron a llegar ellos, los “orientales”, por qué, por qué se agandallan los libros de la biblioteca de la UCLA todo un semestre completo, por qué sus padres son alcohólicos y las mujeres tienen la propensión a desnudarse…

Una serie de porqués que la señora Beltrán tiene en su confundida y sucia mente, mezclando realidad y ficción, para llamar al orden a esos “orientales” que no pertenecen aquí. “¿De donde eres? Tú no eres de aquí. La gente como yo es la que decide quién es o no mexicano”.

Bueno, después de este intermedio lírico, el cual fue conformado a partir de diferentes partes de la obra de la señora Beltrán, justamente aquéllos en los que entra en contacto con los "orientales", por lo que por un breve momento podemos atisbar en su extraña mente, pasemos a los hechos comprobables y objetivos.

En las dos versiones (así las llama ella) del texto de la señora Rosa Beltrán,la publicada en Nexos en enero de 2006:

“Los días de Bok”, dijo, “son los días más calientes del año y es la época en que se consumen más perros, en la creencia de que comiendo la carne de los perros (que no sudan) se refrescará el cuerpo del consumidor”. “Pero eso es en Corea”, le dije nerviosa, al tiempo en que caía en la cuenta de que él sólo había probado el caldo de la sopa y el té mientras que yo, por simple ley de las compensaciones, había dado fin a los sólidos.

“Claro que el IDA y los grupos proteccionistas de animales luchan contra el comercio ilegal de carne de perro y de gato en Corea”, aclaró, “pero no sólo”. Luego me comentó una noticia que había leído en un periódico: “Mira, algo curioso en su alimentación es que no pierden la tradición de comer carne de perro y gato. Hace poco, los vecinos de la colonia Roma fueron a protestar a la delegación porque se estaban robando a todos los gatos de la zona y quienes se los robaban eran los coreanos”.


así como en la publicada en Laberinto el 4 de julio de este 2009:

“Los días de Bok”, leí alguna vez, “son los días más calientes del año y es la época en que se consumen más perros, en la creencia de que comiendo la carne de los perros (que no sudan) se refrescará el cuerpo del comensal. Por esta razón, los vecinos de la colonia Roma fueron a protestar a la delegación porque se estaban robando a todos los gatos de la zona y quien se los robaba eran los coreanos”.


se nos informa que hubo una protesta de vecinos de la colonia Roma en contra de los coreanos (no uno o un grupo de ellos sino “los coreanos”), por robarse los gatos domésticos de aquéllos para comérselos.

Pues bien, resulta que esto no es cierto.

El Infodf (Instituto de Acceso a la Información Pública del Distrito Federal) es el equivalente local, para la Ciudad de México, del IFAI. Ahí se puede solicitar la información pública referente a esta ciudad capital. El sistema electrónico para presentar solicitudes de información pública se llama Infomex; en ese mismo sistema se pueden consultar las solicitudes que solicitantes anteriores han presentado.

Presenté ahí una solicitud en los siguientes términos:

Tomoo Terada, escritor y periodista, solicito el acceso al expediente abierto en 2005 en la Delegación Cuauhtémoc, con motivo de la protesta de vecinos de la colonia Roma en contra de la comunidad coreana, acusándolos de robarse los gatos domésticos de aquéllos.

Esto, conforme a un texto publicado en la revista Nexos en enero de 2006 por la señora Rosa Beltrán.

Agregando:

Del texto señalado se desprende que esto ocurrió en algún momento de 2005, y fue tan sonado que un periódico publicó el asunto. Todo esto, según el texto ya mencionado de Rosa Beltrán.

La respuesta de la Delegación Cuauhtémoc, a la que pertenece la colonia Roma, en su parte sustancial dice lo siguiente:

Este Órgano Político-Administrativo se encuentra materialmente imposibilitado para brindarle los datos solicitados, toda vez que en sus archivos no obra antecedente alguno referente a la información requerida en la solicitud que nos ocupa, en virtud de no contar con atribuciones relativas al tema a que hace mención en su petición.

A continuación pasa a enlistar las facultades de la procuraduría local, que es adonde se presentan las denuncias por cualquier delito. Y concluye:

De lo antes expuesto se desprende que el Ente Público competente para brindarle la debida atención a sus requerimientos de información, es la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, la cual, de conformidad con sus atribuciones conferidas, podrá brindarle los datos requeridos en la solicitud de mérito.


En lenguaje común la delegación afirma no tener en su archivos registro de la supuesta protesta pues no entra en sus atribuciones, ya que no es ahí en donde se presentan las denuncias por delitos. No estoy de acuerdo con esta respuesta de la Delegación Cuauhtémoc porque no es lo suficientemente enfática, pero lo que sí queda claro es que niega tener expediente alguno de la protesta que menciona la señora Beltrán en su "crónica".

Ojala que la señora Beltrán reúna el valor para atreverse a dar públicamente el nombre de su imaginario amigo anónimo, que leyó hace tres años y medio lo de los coreanos robacomegatos en un periódico inexistente. Sé que no le será posible. Tampoco le será posible decir en dónde, según lo afirmó en Laberinto, ahora en julio de este año, leyó ella justamente la misma historia que ella misma inventó hace tres años y medio, acerca de los coreanos que se robaban gatos para comérselos. Falsedad que la fantasiosa Beltrán fue tan cobarde como para atribuírselo hace tres años y medio a un amigo anónimo inventado y ahora a una lectura también anónima.

No le será posible, pues la suya no fue más que la mentira cobarde de una mitómana racista, que se consideraba impune por formar parte de la alta burocracia de la UNAM. ¿Esta señora sin ética es la encargada de decidir a cuáles escritores publica y promueve la UNAM? ¿Estos son los verdaderos valores de cinismo, mentira y racismo que en la Universidad Nacional Autónoma de México están atrás y por debajo de tanta proclamación del lema de José Vasconcelos: Por mi raza hablará el espíritu? Se lo pregunto públicamente al jefe de Beltrán, el actual Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, el escritor Sealtiel Alatriste.

El folio de la respuesta de la Delegación Cuauhtémoc que deja establecido que Rosa Beltrán es una mentirosa es el: 0405000108809

INFOMEX

Invito a todos los que puedan estar interesados en este asunto, especialmente a los amigos y admiradores de Rosa Beltrán y la comunidad de la UNAM, a realizar la consulta y comprobar si es cierto o no que la Delegación Cuauhtémoc me respondió. En un primer momento pensé en "colgar" el archivo de la respuesta en alguno de los servicios de almacenaje de archivos, pero llegué a la conclusión de que para los interesados tendría más credibilidad si lo descargaban del sitio del Infodf y no de un blog.

No es más complicado que copiar y pegar. Para que quede bien claro, de entre yo y ella, quién dice la verdad y quién miente cínicamente ("obviar las comillas donde se cita un texto y adjudicárselo al autor"), pretendiendo escudarse en valores y prácticas literarias respetables, las cuales pervierte y distorsiona.

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Postdata:

Cuando originalmente publiqué esta entrada no tenía todavía acceso directo a la documentación oficial, suscrita por los funcionarios públicos correspondientes, que ahora se ha puesto en línea en esta entrada para mostrar que es factual, objetivamente comprobable que Rosa Beltrán es una mitómana racista quien intencionalmente buscó engañar a los lectores.

Y es que situaciones como ésta se dan por la impunidad y la falta de señalamiento que las rodea, a la que se agrega la actitud poco crítica si no es que de complicidad, de falta de honestidad intelectual, como la que lamentablemente parece haber asumido un académico tan estimable en otros aspectos como José Antonio Aguilar Rivera, quien paradójicamente ha escrito sobre el tema del racismo.

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Otra postdata, ahora de 2013:

A quien crea que exgero, que sé trata de un asunto menor y hasta chusco, gracioso, le sugiero ver el video de esta noticia de apenas el año pasado, 2012:  http://www.ultimahora.com/notas/535932-Atropello,-acusaciones-y-denuncias-entre-coreanos-y-vecinos-por-supuesto-faenamiento-de-perros.

En Paraguay un grupo amenazante de individuos llega de noche y destruye la puerta del domicilio particular de un coreano, con el pretexto de su creencia en que en ese domicilo se mataban perros para comerlos. Al final terminan robando los perros del coreano pretendiendo que los han "rescatado".

viernes, 21 de agosto de 2009

Aclaración de Fernando Iwasaki







Como siempre me gustan las cosas claras, le envié un correo a Fernando Iwasaki [http://www.fernandoiwasaki.com/] enterándolo de la existencia de la entrada en la que lo menciono [http://teradatomoo.blogspot.mx/2009/08/el-denunciante-como-maledicente-segun.html]. Me respondió aclarando muchas cosas, como que él no conoce personalmente a Rosa Beltrán. Le dije que pondría su mensaje en el blog, a fin de que el asunto quedara aclarado, a menos de que él me indicara otra cosa. Me pidió que no colgara su respuesta porque él no suele intervenir en los blogs.

Cumplo con su solicitud pero dejo constancia de su respuesta para que quede aclarado cualquier malentendido.

Sin embargo, de antemano le pido a Fernando me disculpe por citar parte de otro correo suyo, pues deja todo definitivamente claro: "quien firma sus aseveraciones no es ni maledicente ni cobarde. Mi comentario se dirigía especialmente a los maledicentes anónimos".

Viene al caso por un criptico comentario anónimo en inglés (¿?) el cual acabo de recibir y que, por supuesto, no voy a publicar. Siempre me han dado asco los cobardes, sobre todo los que actúan desde el poder.

En la próxima entrada [http://teradatomoo.blogspot.mx/2009/10/escaramuza-acerca-de-rosa-beltran-con.html] ya me ocuparé de mostrar la extraña forma que tiene Rosa Beltrán de supuestamente elaborar una cronica.

miércoles, 19 de agosto de 2009

El denunciante como maledicente, según Fernando Iwasaki

Por lo visto mis acusaciones contra Rosa Beltrán han calado muy hondo, a pesar de la cínicamente mentirosa “Aclaración” de ella, la censura impuesta por José Luis Martínez y el que, por lo visto, la mayoría de los lectores no haya entendido la parte racista del asunto.

De otra forma no se explica que otro colaborador del suplemento Laberinto, el escritor peruano Fernando Iwasaki, parezca referirse a mí sin nombrarme, en la colaboración de su columna del sábado 15 de agosto, titulada “Maledicentes”.

Difícil no darse por aludido si of all places Iwasaki publica su texto en Laberinto (colabora también en el diario español ABC y en otras partes), el mismo suplemento en el que, hace no tanto, se publicó mi carta sobre el racismo entre “los cultos”, específicamente Rosa Beltrán. La misma que, al no tener la opción de poder ningunearme (las acusaciones eran tan graves que su silencio sólo podría interpretarse como aceptación) escribió una mentirosa “aclaración” que no aclaraba nada. Mismo suplemento en el que su editor, José Luis Martínez, le dio la razón a ella y la última palabra al tiempo que impedía cualquier posibilidad de que yo pudiera responder a sus mentiras, exhibiéndola aún más. El mismo Martínez, quien terminó asumiendo por correo ante mí la censura descarada de una carta abierta en la que yo protestaba por su parcialidad como editor.

Si todo lo anterior es reducido a mera “maledicencia”, entonces Rosa Beltrán no es una racista mentirosa y José Luis Martínez no es un censurador, editor confeso de refritos y lacayo de Beltrán. E Iwasaki no tiene por qué sentir la mínima pena de elogiar a Beltrán o publicar con Martínez.

Tan difícil como el que yo no me dé por aludido es igualmente difícil para Rosa Beltrán el que ella no se dé por aludida. Porque lo que Iwasaki inicia como un aparente repaso por la historia de la maledicencia en el ámbito literario deriva en una curiosa arenga a practicar “la costumbre de elogiar”. Enlista a un grupo de escritores españoles a los que considera elogiables y, a continuación, “como la lista latinoamericana sería larguísima” se limita a México (quién sabe por qué este país y no Argentina o su natal Perú) y enlista a los escritores mexicanos elogiables, entre los que cuenta a…Rosa Beltrán.

A mí me parece, por parte de Iwasaki, una forma muchísimo más hábil y sutil de poder darle también un espaldarazo a Rosa Beltrán, sin caer en la torpeza de José Luis Martínez de evidenciar censura y hasta expresar afirmaciones involuntariamente denigrantes para sí mismo (“soy un editor que, a sabiendas, publica refritos”).

Iwasaki tiene la costumbre de elogiar. Hace poco, en el mismo suplemento Laberinto, lo que inició como una columna para poner en duda el valor de ser “escritor joven”, de considerar la juventud y precocidad de los escritores como un valor en sí mismo, acabó concluyendo en un elogio (merecido) al escritor argentino Andrés Neuman.

Pero en realidad Iwasaki se equivoca. No se trata de que “contra la maledicencia, el elogio”. Porque la crítica y la denuncia pueden acabar siendo consideradas como “maledicencia” por quien no entiende la diferencia entre elogiar y adular. O la diferencia entre las relaciones públicas y la crítica literaria positiva o negativa hacia la obra de quienes, como humanos, lo mismo pueden escribir maravillas, que obras buenas, malas o mediocres. Aquel que siempre invariablemente elogia terminará viendo siempre cómo sus elogios son cada vez menos apreciados por sus elogiados, que apreciarán su amistad pero no necesariamente su gusto.

Ya que Iwasaki implica que soy un “maledicente” tengo que informarle que, por ejemplo, elogié en la revista mexicana Replicante la obra de uno de los escritores españoles, Isaac Rosa, al que él considera elogiable; en específico su novela El vano ayer (2004). Antes de mí, que yo sepa, en México sólo se habían publicado acerca de esta novela de Rosa las críticas “maledicientes” de Christopher Domínguez y José Manuel Prieto, los cuales se ocuparon, más que los aspectos literarios de la novela, de especular acerca de la relación que guardaba Rosa con los regimenes cubano y venezolano, de quienes, según se podía desprender de lo que escribían aquellos, Isaac Rosa habría sido escritor favorito y consentido, a grado tal como para que, no importando que fuera en forma turbia, le regalaran el premio Rómulo Gallegos de 2005, en perjuicio de otros concursantes.

Más bien Iwasaki tendría que ser más cuidadoso en sus elogios, pues, por ejemplo, elogiar a Rosa Beltrán no es lo mismo que elogiar a Isaac Rosa. Este último no tiene en España, hasta donde estoy enterado, un cargo en la burocracia cultural que le permita difundir a otros escritores, a diferencia de Beltrán. Entre Rosa y Rosa Iwasaki puede terminar espinado de la lengua por soltar elogios a diestra y siniestra. Elogiar la obra de una funcionaria encargada de difundir la obra de otros escritores, con la capacidad de promover a unos y vetar a otros, como sin duda será su caso y el mío, respectivamente, siempre despertará la suspicacia.

Pero lo más importante es, creo, el hecho de que sea precisamente él, el colaborador de Laberinto que tiene un apellido “oriental”, quien le dé un nuevo espaldarazo a Rosa Beltrán. Eso “probaría” que José Luis Martínez tiene razón y que en el texto de Rosa Beltrán sobre los coreanos no hay “ningún atisbo de racismo”.

Quiero pensar que Fernando Iwasaki, al igual que muchos lectores, no entendió la parte racista de este asunto. Pensar de otra forma implicaría el tener una concepción muy negativa acerca de él, como alguien a quien, para establecer o mantener una amistad o relación conveniente que le sirva para seguir promocionando su obra en México (editor José Luis Martínez y funcionaria Rosa Beltrán), no le importa escupir contra sí mismo, contra la parte de sus genes que es “oriental”.

Iwasaki, quien es nieto de japonés (Wikipedia) y se declara en entrevista “medio japonés” no tiene, ciertamente, mucho aspecto “oriental”; y como lo da a entender en algún cuento suyo como “La sombra del guerrero” la herencia cultural japonesa en realidad le es ajena. Para él lo “oriental” es algo tan exótico como para la mayoría de occidentales, quienes no cuentan entre sus antepasados a un abuelo japonés.

Y como Iwasaki ha comido (creo que se trata de una exageración literaria, pero quién sabe) hamburguesas de gato (Por qué escribo relatos o para cuándo novela) seguramente no alcanza a percibir qué puede tener de racista el que Rosa Beltrán invente que los coreanos se roban gatos para comérselos y además invente a un amigo anónimo al que pueda atribuir tal declaración.

¿Para hacer esas hamburguesas Iwasaki se robó los gatos de los vecinos, se quejaron de él y terminó apareciendo en un periódico como el medio japonés robacomegatos? ¿O todo lo anterior sólo puede ser señalado, incluso inventado, cuando se trata de coreanos?

Por eso, en el próximo mensaje les explicaré y mostraré, a él y a todos quienes no hayan entendido la acusación de racismo contra Rosa Beltrán, que la misma tiene su base en la forma tan rara en que Beltrán escribe y “versiona” sus supuestas crónicas.