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jueves, 9 de mayo de 2013

El canto sin límites: Thomas Quasthoff


Nota: Este blog no es monotemático. El asunto de las "indias patarrajadas" me indigna tanto como  les ha indignado a otros; no estoy solo en esto. Pero soy un escritor y este blog, si hubiera que definirlo, es un blog básicamente cultural. Por eso retomo un texto sobre música. Cuando siento que el asco me invade ante tanta corrupción, tanto farsante que pasa por figura moral en este pobre México, me pongo a escuchar música y vuelvo a sentirme fuerte para seguir luchando.


Publicado en Replicante 10

El canto sin límites
Thomas Quasthoff, bajo-barítono gigante





Thomas Quasthoff mide sólo 1.43 centímetros de estatura, pero es un cantante gigante. No tiene brazos, pero es capaz de tocar a quienes lo oyen ahí, en ese lugar donde se ocultan el llanto y la alegría. Nació el 9 de noviembre de 1959, en Hildesheim, Alemania. Su madre había consumido talidomida, una sustancia prescrita en ese entonces para combatir los malestares del embarazo y que provocó miles de casos de malformación física en recién nacidos, no sólo en Europa.





Tiene las manos pegadas a los hombros y sólo tiene en total siete dedos. Eso fue un obstáculo cuando, todavía niño, pretendió ingresar al Conservatorio de Hannover; pues no podía tocar el piano, lo que era un requisito académico, incluso para los aspirantes a cantantes, por lo que fue rechazado. Pero no se rindió, a pesar de que su situación física parecía no ofrecerle ni una mínima posibilidad. Y terminó superando sus limitaciones y triunfando. Pues los especialistas consideran asombroso el que él, que por su estatura tiene un torso tan pequeño, haya desarrollado una técnica vocal que terminó colocándolo entre los mejores cantantes clásicos del mundo. Hay que ver que generalmente los cantantes de música clásica tienen pechos amplios y hasta existe el estereotipo del tenor obeso, como es el caso de Pavarotti.




Después de haber sido rechazado del Conservatorio inició entonces clases particulares con Charlotte Lehmann y Ernst Hubert-Contwig, con este último de teoría musical. Fueron unos excelentes maestros, al grado de que Dietrich Fischer-Dieskau, el gran interprete masculino de lied del siglo XX (la gran figura femenina es Elisabeth Schwartzkopf) alabó la excelente preparación de Quasthoff, además de su calidad interpretativa. 








(El lied es la llamada canción de arte alemana. Grandes compositores como Beethoven, Brahms o Schumann, pero sobre todo Franz Schubert y Hugo Wolf, han compuesto lieder, musicalizando poemas de escritores como Goethe y Mörike. Su interpretación requiere de interpretes que sean verdaderos especialistas, pues es mucho más íntima que la que, en general, se da en la Opera. Normalmente el cantante aparece acompañado de un pianista, y nada más. Para dar una mejor idea acerca cómo suena el lied al lector que no sea ya un aficionado, aunque sin pretender una plena equivalencia, un equivalente mexicano en lo musical podrían ser las canciones de Manuel M. Ponce, como Estrellita o A la Orilla de un Palmar. O más moderno, las canciones de los Beatles con clara influencia clásica, como Yesterday, Eleanor Rigby y She´s Leaving Home.)

Aunque Quasthoff es ahora una estrella ascendente en la música clásica, que colabora con músicos tan reconocidos como Claudio Abbado, Anne Sofie von Otter y Esa-Pekka Salonen, y ganó un Grammy por el disco Des Knaben Wunderhorn, que contiene lieder de Mahler; alguna vez trabajó como locutor de radio y como cantante de jazz, para completar sus ingresos. Esto último lo sigue haciendo y realmente es bueno interpretando jazz. Quasthoff tiene swing y una absoluta falta de pretensión, exenta de poses de superioridad por venir del mundo de la llamada “música seria”. Sin duda apreciará tener como compañero de catalogo en el sello Deustsche Grammophon, el sello de música clásica por antonomasia, a Sting (sí, el que fuera cantante y bajista de Police), quien acaba de lanzar un disco en el que interpreta las canciones con acompañamiento de laúd del compositor inglés Dowland (el interés de Sting, quien dice que esa era la música pop en 1600, surgió a partir de que le regalaron un laúd).

Existe un DVD de la historia de Quasthoff, con un título bien elocuente: The Dream. Es la historia de quien persigue el sueño, en principio aparentemente imposible para él, de ser cantante, y logra ser uno verdaderamente grande, obteniendo el respeto de sus colegas por su talento, sin provocar lástima, compasión o curiosidad malsana al ser visto como un “fenómeno”. Este bajo-barítono ha logrado su sueño, sin duda con mucho esfuerzo, y ahora nos toca a nosotros, el público, escuchar y aplaudir a un gran artista. 




Postdata: Una puesta al día no muy agradable. Thomas Quasthoff anunció su retiro el año pasado, por razones de salud. Ya nunca se presentará en México: http://operachic.typepad.com/opera_chic/2012/01/quasthoff-retirement-announcement-aftermath.html


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